A vuelo de taxi

A vuelo de taxi

Septiembre 06, 2017 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

“¿Usted cree que el carepapa de Trump prende la tercera guerra mundial? El problema de los coreanos es que tienen unos misiles muy buenos, pero Estados Unidos los coge con atarraya. Sí, un primo mío que es Coronel de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, me dice que tienen unas atarrayas que usted llega y plim, tira el misil, y ellos lo recogen en el aire, como si estuvieran pescando… otro primo mío es General del Ejército en Nueva York. Toda la familia vive allá, todos estudiaron; el único que no terminó fui yo, pero mire cómo es la vida, ahora tengo más carreras que ellos”.

El taxi se detiene en un semáforo, y prudentemente subo la ventanilla y guardo el celular en la chaqueta. Justo al lado izquierdo se detiene una moto y miro a los ojos del motociclista; no parece un pillo. Más bien alguien que va afanado al trabajo.

“Yo me jubilé con el Banco Cafetero, y en un viaje que hice a Nueva York en el 72, me metí en un curso de sistemas, cuando aquí nadie sabía de eso. En el 75 yo ya entendía mucho; el banco quedaba en la trece”.

Le digo que tuve un romance con una cajera que decidió ponerse a estudiar y llego a ser gerente por los días en que el banco acabó. “¿Quién sería, pregunta?”, y le digo que no recuerdo su nombre, pero sí mucho sus manos, ásperas de contar dinero todos los días.

“Mi primo Coronel y el General no volvieron a Cali; mucho problema. Ahora prefieren irse a Cancún con sus viejas. Le digo una cosa, si yo hubiera estudiado completo, hubiera sido presidente. Pasé por el Fray Damián y luego caí en el Americano. Era muy inteligente. Una vez, antes de terminar un examen, me puse a dar copia, a pasar papelitos. El profesor, un gringo, se vino derecho hacia mí, rojo de la ira, y me levantó del cuello. Me pegó dos cachetadas. Le apliqué una patada en las ‘güevas’, y cuando se dobló lo rematé con un gancho. El quedó en el piso y yo eché a correr. En el camino me encontré un palo, me devolví y le metí tres garrotazos. ¿Es que por qué me pegó, sí o no?; me dijeron que sólo decía, “que se vaya, que se vaya, venga por papeles…” Me defendió mi tía Leonor Girón que era la abogada del partido comunista y fue cuando llegué al Colegio Mayor de Yumbo; eso ahí era bien bravo, puro M19. Con decirle que me gradué con el que después fue abogado de los duros, de los reduros, y también con Romero que llegó a ser Senador”.

Tomamos la esquina de Bellas Artes y ahora un viento fresco corre por la ciudad, pues la lluvia se ha ido del todo. Abro las ventanillas y consulto el Whatsapp, a ver si el mecánico ya “descongeló” las plumillas de mi camioneta, pero no hay ningún mensaje.

“¿Usted sabe que el avión del Papa va a tener que desviarse?” Le digo que no sé nada. “Sí, por el Huracán Irma; viene emberracao a llevarse a Puerto Rico y la Florida. Es peor que un misil. Mi primo dice que Estados Unidos tiene láser que lo disparan aquí encima y acaba con Cali”.

Me despido y busco unos huevos revueltos en La Aragonesa, con el convencimiento que acabo de hablar no sólo con un caleño de muchas carreras, sino con un Máster en Información, Phd. en estrategia militar callejera, asignatura que dominaba bien ‘el loco’ Guerra desde “la acción y la reacción de la triple patada voladora”.

En los taxis ya no se escucha la voz del ‘Pepe Son’, rey de la sintonía en “la ola amarilla”. Con una experiencia de 37 años de radio, un gerente acaba de despedirlo de La Máxima. Al celular, le preguntó por qué, y me dice: “No sé, desde que llegó se enamoró de mí. Quería que trabajara los domingos y le dije que ese día era para mi familia”. Nueve años en Caracol, ocho en Super, 17 en la Z de Todelar y dos en La Máxima. Le han propuesto ser candidato a la Alcaldía de Guachené, pero se mantiene en lo suyo, la radio que es su pasión. Una mina de oro para cualquier cadena.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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