50 años de soledad

Mayo 31, 2017 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Han pasado ya 50 años desde el momento en que la Editorial Sudamericana de Buenos Aires decidió publicar una de las obras mayores de la lengua castellana. Desde entonces, nos cerca la soledad literaria pues no ha nacido para el mundo de las letras otro cronopio de la talla de Gabriel García Márquez.

En este lapso hemos tenido grandes poetas; Eduardo Cote Lamus, Álvaro Mutis, X-504, Juan Manuel Roca, Raúl Gómez Jattin, William Ospina, Horacio Benavides, pero los narradores, con algunas honrosas excepciones, como dirían las señoras de los 60, “brillan por su ausencia”.

En las excepciones está Germán Espinosa, autor de ‘La tejedora de coronas’, Héctor Abad Facciolince, el cuentista Roberto Burgos Cantor, Alberto Salcedo Ramos, Ernesto McAusland –excepcional pluma periodística- Gustavo Álvarez Gardeazábal, Julio Olaciregui.

Gabo puso la vara “muy alta” es cierto, y en distintas épocas escritores que siguieron a su generación, para no declararse “damnificados” del mundo de Macondo, decidieron irse en contra del autor del Aracataca, en lo que el crítico y académico argentino Noé Jitrik, definió literalmente como “parricidio”. Un escritor guatemalteco, creo, para conjurar su anonimato se vino con una diatriba titulada ‘Mc Ondo’.

Son múltiples las tentativas, desde la academia, para borrar o minimizar la poética de ‘Cien años de soledad’. Así en América Latina como en Estados Unidos y Europa. Profesores en residencia, conferencistas vespertinos, son invitados por los claustros mayores para denostar a Gabo. No obstante, como el personaje del espirituoso escocés, nuestro escritor sigue tan campante.

En determinado momento, algunos académicos decidieron que el mundo estaba sobresaturado de mujeres que ascienden al cielo, de mariposas amarillas, dictadores que deciden vender el mar, gitanos que ponen ruido a la imaginación con sus pailas de cobre y sus guerras de artilugio, de pueblos perdidos a orillas de ríos que exhiben piedras como “huevos prehistóricos”. Todo fue verdad, sólo que Gabo encontró una manera de narrarlo y lo dijo desde la magia. Con hechicería literaria.

El autor perdió la oportunidad de celebrar los “Cien años de Soledad” en Cali, cuando Proartes, en cabeza de Amparo Sinisterra de Carvajal lo invitó hace 20 años a celebrar los 30 de aparición de la novela. Entonces, enviamos decenas de cartas sin respuesta e invitamos a Cali a escritores y académicos para festejarlo. El expresidente Belisario Betancur asumió el empeño de traer al escritor, como causa propia. No fue posible. Pero estuvo aquí la maestra de Gabo, Rosa Fergusson, la que le enseñó las primeras letras en la Escuela Montessori de Aracataca, y su hermano, Gabriel Eligio, quien dictó en la Cámara de Comercio una conferencia que titulé ‘Las claves de Melquíades’. Entonces, antes de mi exilio voluntario en Estados Unidos, me desempeñé como Coordinador de Literatura y Prensa de Proartes, y coadyuvé en la presentación en la ciudad de Elena Poniatowska, Mempo Giardinelli, Juan Goytisolo, Salvador Garmendia, Alfredo Bryce Echenique, entre otros.

La segunda oportunidad de Gabo para venir a Cali, la perdió en una ocasión de verdad maravillosa. Soledad, la abuela del poeta Carlos Vásquez Zawadsky, y de Alejandro, Secretario de Turismo municipal, cumplió 100 años y la familia le extendió invitación a García Márquez para el magno evento: celebrar en el Valle del Cauca los cien años de Soledad. Perdió esta ocasión única –no todos los días una mujer llamada Soledad cumple 100 años- pero envió una nota desde el exterior, excusándose por no poder asistir.

Vamos a esperar cincuenta años más -creo que no estaré- para entender que siempre estuvimos solos y las estirpes condenadas a ese siglo de ausencia, continuarán sin tener otra oportunidad sobre la tierra.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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