¿Se puede creer en las Farc?

¿Se puede creer en las Farc?

Diciembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

Esta es la pregunta que se formula en las redes sociales a partir de unos videos que están circulando con declaraciones de guerrilleros de las Farc sobre sus objetivos políticos y su desmovilización. Para quienes nunca han querido una negociación con la guerrilla los videos les sirven para confirmar que no se les puede creer, pero analizados de manera objetiva lo que reflejan es un cambio de fondo en la estrategia de este grupo.La edición de las declaraciones y los títulos que les superponen están muy bien montados para tratar de demostrar dos ideas: que las Farc no van a entregar las armas y que su objetivo es tomarse el poder para implantar un régimen socialista en Colombia. La primera no es cierta; la segunda si lo es pero no puede ser motivo para descalificar el proceso de Paz.Es verdad que en los videos los guerrilleros dicen que no van a hacer entrega de las armas sino dejación, que no es lo mismo pero es igual. Es solo una diferencia semántica porque para ellos ‘entregar’ las armas significa rendición y derrota, mientras que la ‘dejación’ es renuncia voluntaria producto de la negociación. Como se quiera llamar, el hecho es que la guerrilla más antigua del mundo se ha comprometido a desarmarse y renunciar a la lucha armada.Es válido tener dudas y no creer a priori en ese compromiso, pero en solo cinco meses tendremos la certeza de si lo cumplieron o no. Personalmente creo que si lo van a hacer y entonces las Farc se convertirán en un movimiento político desarmado dispuestos a jugar con las reglas de la democracia.El segundo tema es más complejo porque en múltiples foros los voceros de las Farc han repetido que su plan estratégico es llegar al poder y construir un socialismo a la colombiana. No hay mucho detalle sobre cómo funcionaría ese modelo, pero en el Acuerdo quedó consignado el respeto por la propiedad privada y la economía de mercado.Con la firma del acuerdo de Paz ellos no están renunciando a sus principios, ni a su militancia comunista ni a sus objetivos políticos. A lo que están renunciando es a la combinación de todas las formas de lucha, que incluía la lucha armada. La enorme diferencia, y es el gran logro de todo el proceso, es que ahora no van a buscar tomarse el poder con balas sino con votos. Nos vamos a ahorrar el dolor de muchas víctimas y la sangre de muchos muertos, y eso bien vale un premio Nobel.En una democracia pueden caber todos los partidos e ideologías, siempre y cuando no tengan brazos armados. Así como hay partidos de extrema derecha que quieren volver a un Estado confesional y defender los privilegios de los más ricos, también pueden existir partidos de extrema izquierda que inclusive no hayan aprendido de la historia y propongan repetir los errores del fracasado socialismo del Siglo XXI.Todos tienen el derecho de plantear sus programas, sean socialistas o fascistas, porque en una democracia no hay delito de opinión. El riesgo es que estos extremos obtengan la mayoría de votos, lo que pueden lograr con mentiras populistas como lo hizo Trump o por el rechazo de la población a un sistema corrupto e injusto como en Venezuela.El mayor riesgo en Colombia no son las ideas de las Farc sino la incapacidad de la dirigencia política y empresarial para hacer pacíficamente los cambios necesarios para acabar con las injusticias y desigualdades de nuestro país.

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