Regalías para todos

Noviembre 07, 2010 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

Premisa mayor: los recursos naturales no renovables y las regalías que genera su explotación son propiedad del Estado. Premisa menor: el Estado somos todos los colombianos. Conclusión: las regalías les pertenecen a TODOS los colombianos.Este sencillo silogismo debería ser suficiente para zanjar el debate nacional sobre la propuesta del gobierno para redistribuir las regalías y para convencer a los municipios y departamentos opositores de que acepten la propuesta en aras de la equidad, el respeto a la Constitución y la salvaguarda de la unidad nacional.Es comprensible que quienes hasta ahora se han beneficiado de un reparto totalmente inequitativo de las regalías no quieran ceder ese privilegio. En la última década ocho departamentos y sus municipios recibieron el 80% del total de regalías mineras y de hidrocarburos. Casanare, Meta, Guajira, Huila, Arauca, Cesar, Santander y Córdoba han sido los afortunados receptores de $20 billones, de un total de $24 billones que se giraron. Tan sólo los tres primeros concentraron casi la mitad de las regalías.En un pareto inverso y perverso, esos ocho departamentos sólo tienen el 17% de la población. Por lo tanto el 83% restante de los colombianos tienen que conformarse con la repartición del 20% de las regalías. A algunos les tocan sólo las migajas, pues 16 departamentos en los que viven la mitad de la población del país (incluyendo Bogotá, Valle, Atlántico y todo el Eje Cafetero, pero no Antioquia) recibieron sólo el 1,5% de las regalías. No es un error tipográfico: sólo el uno y medio por ciento de las regalías para el cincuenta por ciento de los colombianos.Para acabar de completar el cuadro de la distribución inequitativa hay que mencionar que a algunas de las regiones más pobres y más necesitadas de Colombia también les toca una ínfima parte del pastel de las regalías. En Chocó, Cauca, Nariño, Guanía, Vaupés, Caquetá, Amazonas y Guaviare viven casi cuatro millones de personas (9% de la población), y la mayoría en estado de pobreza, pero sólo recibieron el 0,73% de las regalías.El sentido de solidaridad para corregir estas inequidades debería ser suficiente para que los políticos de las regiones privilegiadas con las regalías dejen de promover manifestaciones de protesta contra la redistribución propuesta. Pero si necesitan otros argumentos deberían recordar lo que hoy reciben sus regiones a título gratuito de recursos generados en otras partes del país y que podrían perder si se fractura la unidad del Estado.El tema son los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) que provienen de los impuestos que pagamos los colombianos, pero que no se reparten según el sitio donde se generan sino donde se necesitan para atender sobre todo a los más pobres. Así departamentos ‘ricos’ como el Valle, Antioquia, Atlántico y Bogotá, subsidian a los demás transfiriendo más recursos de los que reciben.En el caso de los ocho departamentos privilegiados con las regalías la situación es al revés: recaudan tan sólo el 5% de los impuestos nacionales, pero reciben el 20% de los recursos del SGP; en la última década recibieron cerca de $25 billones del SGP. Si el SGP se repartiera de acuerdo al sitio donde se recaudan los impuestos, a esos ocho departamentos tan sólo les hubieran correspondido unos $6 billones, es decir que han recibido $19 billones como regalo de otras regiones, regalo que podrían perder si los políticos de esas regiones también empiezan a hacer manifestaciones para que se cambie la regla de repartición del SGP.O todos en la cama o todos en el suelo. No se puede seguir con dos reglas distintas de repartición de los recursos del Estado. Como el SGP debe seguir siendo para los más necesitados, lo lógico es que también las regalías sean para todos.

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