Paz: sin pausa, pero con prisa

Paz: sin pausa, pero con prisa

Octubre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

Sería un error muy grave y perjudicial para el país suspender las negociaciones con la guerrilla en La Habana hasta después de las elecciones para el Congreso y para presidente. El remedio sería peor que la enfermedad porque se contaminaría y polarizaría aún más el proceso electoral y además se asestaría un golpe mortal a la posibilidad de terminar por la vía del diálogo este largo y sangriento conflicto.Se equivocan quienes creen que haciendo una pausa en los diálogos de la Habana el tema de la paz no haría parte del debate electoral. Todo lo contrario. Con las negociaciones suspendidas, las campañas electorales se van a centrar en ese tema: si el próximo presidente debe reanudar el proceso o cancelarlo definitivamente y si el Congreso que se elija debe apoyar o bloquear las negociaciones.No es posible predecir si suspender lo diálogos ayudaría o perjudicaría la reelección del presidente Santos. En el actual clima de opinión la mayoría de la gente es partidaria de una paz negociada y votaría por el candidato Santos que garantizaría la reanudación de las conversaciones; pero si las Farc, con la ceguera política que han demostrado, utilizan la pausa para intensificar sus ataques terroristas y tratar de fortalecerse militarmente, la opinión se voltearía en contra de los diálogos y Santos saldría perjudicado.Lo más grave de este escenario es que una vez más serían las Farc las que acabarían decidiendo la elección presidencial como pasó con la foto con Tirofijo que le dio votos a Pastrana o el fracaso del Caguán que disparó al candidato Uribe en las encuestas. En los dos casos el país pagó las consecuencias, quedando en manos de la extrema derecha y retrasando las reformas económicas y políticas impulsadas por la izquierda democrática en otros países de América Latina.De otra parte suspender las negociaciones por seis meses equivaldría en la práctica a terminar el proceso de paz perdiendo estos “momentos de efervescencia y calor”, como diría el prócer. Es cierto que el proceso ha sido muy lento pero también por primera vez se han logrado avances reales y significativos en las negociaciones que sería muy difícil retomar después de 6 meses de intensificación de la ofensiva militar por ambas partes.En realidad, algunos de los que hoy se muestran partidarios de la suspensión son los mismos que desde el principio se han opuesto a cualquier clase de negociación con la guerrilla y siguen soñando con que es posible derrotarlas a bala y obligarlas a su rendición, a pesar de que este resultado no ha sido posible después de 10 años de intensa presión militar. Además el fracaso de las negociaciones si sería un fuerte argumento electoral en su campaña contra Santos, lo cual demuestra que sus mezquinos intereses electorales están por encima de los intereses nacionales.Que no se deba hacer una pausa en las negociaciones no implica que no haya prisa en culminarlo, o que el proceso pueda seguir abierto sin un límite claro y breve. En esta urgencia parecen estar de acuerdo el gobierno y la guerrilla y así lo han declarado públicamente ambas partes. Entonces, lo que corresponde hacer es que acuerden un nuevo calendario de conversaciones con una tiempo máximo que no debe ser más de tres o cuatro meses.El presidente Santos tiene razón cuando dice que esta puede ser la última oportunidad de construir la paz en Colombia. Para lograrlo, a la paz hay que ponerle el acelerador y no el freno.

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