Para que la economía no se inunde

Para que la economía no se inunde

Diciembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

¿Cuál será el impacto económico de la destrucción que ha dejado el más duro invierno de la historia reciente del país? Las cifras de la catástrofe humanitaria son impresionantes: 2,2 millones de personas que han perdido viviendas, enseres, sitios de trabajo y, lo peor, la vida de familiares y seres queridos.A pesar de lo aterradoras que son las imágenes de las tierras y viviendas inundadas, la verdad es que todavía no ha pasado lo peor del invierno aunque ya hayan amainado las lluvias. Ahora vienen los problemas de salud, las interminables esperas antes de poder volver a los sitios de vivienda y trabajo, la desintegración de las comunidades, la escasez de alimentos y medios de subsistencia y las demás secuelas, menos dramáticas pero más duraderas. Por eso es importante que continúe la solidaridad de todos con los damnificados, aún después de que brille el sol.En lo económico, se ha estimado que el costo de los daños causados por la lluvia y las inundaciones puede llegar a los 10 billones de pesos, que es una suma equivalente a un 2% del PIB, pero este costo corresponde al de la infraestructura que hay que reconstruir y sería equivocado concluir que la tasa de crecimiento va a disminuir en esta cuantía. Por el contrario, inclusive sería posible que las labores de reconstrucción pudieran aumentar un poco el crecimiento y reversar la tendencia a la desaceleración que reportó el Dane al confirmar una tasa de sólo 3.6% en el último trimestre. Todo depende de la forma como el Gobierno responda a la tragedia invernal y, en particular, de cómo financie el gasto público necesario para la reconstrucción.El invierno ha tenido y tendrá un impacto negativo sobre el crecimiento, porque afecta tanto a la oferta como a la demanda. La oferta agregada va a disminuir porque la inundación de 680.000 hectáreas agrícolas conlleva la destrucción de cosechas y afecta el hato ganadero; además los daños en la red vial crean algunos problemas de desabastecimiento.Por el lado de la demanda son dos los principales choques negativos: de una parte la reducción del ingreso disponible de habitantes de las zonas inundadas, junto con la caída temporal o permanente en el empleo. De otra parte, la inevitable inflación de alimentos afectará la capacidad de compra de más de la mitad de la población que debe dedicar una buena parte de sus ingresos a la alimentación. Ambos efectos reducirán las ventas de las empresas y el comercio.El plan de reconstrucción del Gobierno ayudará a mitigar los daños a la estructura productiva y a la oferta, pero este es un proceso de mediano plazo. En el corto plazo el impacto más directo del gasto público se dará sobre la demanda, y aquí es donde es esencial saber cómo se realizará. Si este gasto sólo reemplaza o sustituye otras inversiones que ya estaban programadas, no tendrá ningún impacto reactivador; sólo si hay un gasto adicional a lo planeado, se puede esperar una aceleración del crecimiento.Un ejemplo ilustra la diferencia. En el Plan de Desarrollo el gobierno había programado, antes de la ola invernal, la construcción de un millón de nuevas viviendas y la rehabilitación de 4.000 km. de carreteras. Si mantiene estas metas, incluyendo dentro de ellas la reconstrucción de las vías y viviendas afectadas por el invierno, no habrá un gasto adicional que compense la caída de la demanda.Sólo si el Gobierno sube sus metas de inversión, financiándola con mayores impuestos o nuevos créditos, ojalá de entidades multilaterales, se logrará compensar los efectos de la catástrofe invernal. No basta reasignar el presupuesto; hay que aumentarlo. Es posible hacerlo y también urgente, para que no se inunde la economía.

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