Más allá de los dividendos

Más allá de los dividendos

Enero 21, 2018 - 08:56 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

¿Qué piensa usted que el accionista más poderoso del mundo les requirió a los presidentes de los cientos de compañías donde tiene inversiones y participa en sus juntas directivas? ¿Qué les pidió que hicieran para no perder su apoyo?

El personaje es Larry Fink, fundador y director de Blackrock que es el mayor fondo de inversiones del mundo pues administra recursos por 6,2 billones de dólares (20 veces el PIB colombiano) y es el mayor inversionista en acciones de las empresas más exitosas de Estados Unidos y Europa.

Si usted piensa que lo que pidió Fink fue que aumentaran las utilidades y el próximo año repartieran más dividendos, se equivocó. Su exigencia fue que fueran mucho más allá de los dividendos y definieran una estrategia de largo plazo para garantizar el crecimiento sostenible de sus empresas. Hasta ahí nada nuevo.

Lo que sorprendió al mundo empresarial es que este ícono del capitalismo mundial en su carta (http://bit.ly/2jsSQ5K) les dice a los presidentes que esta estrategia no solo tiene que incluir el análisis del impacto que tienen sus compañías en el conjunto de la sociedad, sino además definir cómo van a hacer una contribución positiva, además de sus accionistas, empleados y clientes, a las comunidades donde operan.

Hace casi 50 años Milton Friedman planteaba todo lo contrario: “Existe una y sólo una responsabilidad social de la empresa: utilizar sus recursos y comprometerse en actividades diseñadas para incrementar sus utilidades”; este credo neoliberal fue adoptado por toda una generación de empresarios y gobernantes que crearon el actual capitalismo salvaje que ha generado las enormes desigualdades sociales que hoy amenazan la supervivencia de la democracia y del mismo sistema capitalista.

Que el mundo ha cambiado lo demuestra lo que ahora plantea Fink, “la sociedad está exigiendo que las empresas privadas tengan un propósito social”. Es capitalismo puro. Se trata que el sector privado asuma responsabilidades sociales a las que los gobiernos han sido incapaces de responder, como por ejemplo el cambio climático, el futuro de los pensionados, el impacto de la tecnología sobre el empleo.

Aportar a la solución de los problemas de la sociedad no lo ve Fink como algo marginal a la actividad empresarial, o que vaya en contra de sus utilidades, sino como un requisito esencial para la sostenibilidad: “Para prosperar en el largo plazo, todas las empresas no solo deben lograr resultados financieros positivos, sino que deben demostrar cómo están haciendo una contribución positiva a la sociedad”.

Es cierto que no se trata de ideas novedosas pues hace años se viene hablando de la responsabilidad social de las empresas. En Colombia, Manuel Carvajal lo dijo hace medio siglo: “No puede haber empresas sanas en un medio social enfermo”.

La diferencia es que ahora es en el centro del capitalismo mundial y ya no se trata de la recomendación de un académico o de un utópico activista de izquierda, sino de la exigencia -si se quiere amenazante- del representante de los dueños de la empresa.

De manera elegante pero directa, Fink le comunica a los presidentes que van a tener un papel más activo como accionistas en la búsqueda de estos objetivos y les pide que “demuestren el liderazgo y la claridad que consiga no solo la rentabilidad de la inversión sino también la prosperidad y la seguridad de todos los ciudadanos”. Si no, perderán su apoyo.

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