La distancia entre los dos...

Julio 11, 2010 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

…es cada día más grande. Esta ranchera suena ahora con más frecuencia en los pasillos de la Casa de Nariño, donde están cada vez más preocupados por los derroteros que va marcando Juan Manuel Santos como presidente electo, que profundizan las diferencias de estilo y de contenido frente al gobierno de Uribe.En cuanto al estilo, actuaciones como la visita de Santos a la Corte Suprema, los diálogos con Petro y Pardo, o la acogida de puntos programáticos de los partidos de oposición dentro de su programa de gobierno, muestran que el nuevo Presidente sí se quiere tomar en serio aquello de “pasar la página de los odios” y superar la polarización que entronizó Uribe con su maniquea división del país entre buenos (los que estaban con él) y malos (los que lo criticaban). El país necesita con urgencia este cambio.Más significativos son los cambios en el contenido de las políticas públicas que se presagian con los nombramientos anunciados de los nuevos ministros. Los primeros anuncios, para las carteras de Hacienda, Relaciones Exteriores y Transporte, ya mostraban claros signos de desuribización del próximo gobierno pues las personas designadas, además de ser muy competentes y reconocidos en sus respectivos campos, habían tenido discrepancias con Uribe, a punto tal que dos de ellos renunciaron a los cargos que tuvieron en su gobierno.Pero lo que ya casi representa una ruptura entre la administración saliente y la entrante es el acertado nombramiento de Juan Camilo Restrepo como ministro de Agricultura. Juan Camilo se ubica en el ala pastranista del Partido Conservador la cual mantuvo durante estos ocho años una postura de oposición abierta al gobierno, planteada de manera muy explícita en las columnas editoriales de El Nuevo Siglo, y él personalmente fue un permanente crítico de las políticas oficiales, en particular de las económicas y fiscales, materias en las que tiene reconocida autoridad.También criticó Juan Camilo las políticas agropecuarias de Uribe y ‘uribito’ y, de manera muy directa y dura, los desvíos de recursos del programa AIS para favorecer amigos del gobierno; para completar la faena, se alineó con la candidatura de Noemí en contra del ex ministro Arias, el preferido del Presidente. Con su talante retaliatorio y antidemocrático, la respuesta del gobierno Uribe fue vetar a Juan Camilo para el cargo de Gerente de la Federación de Cafeteros para el cual tenía méritos más que sobrados y, hace poco, presionar su renuncia en el Comité de Cafeteros donde resultaban incómodas sus posturas críticas e independientes.Las primeras declaraciones del nuevo Ministro de Agricultura muestran el radical cambio de rumbo que habrá en las políticas del sector. Un ministerio para los campesinos y el desarrollo rural, y una verdadera reforma agraria con la devolución de los millones de hectáreas arrebatadas por los paramilitares a los desplazados fueron las prioridades anunciadas que contrastan con el descuido del actual gobierno a estas tareas. Además se trata de un notorio ejemplo de lo que quiere ser el gobierno de unidad nacional de Santos, pues la agricultura con campesinos y la devolución de tierras fueron dos puntos centrales de las propuestas tanto de Pardo y el Partido Liberal como de Petro y el Polo Democrático.A pesar de ser la mayor beneficiada de los éxitos en la lucha contra la guerrilla, la Agricultura fue la cenicienta del gobierno Uribe: en los ocho años de su gobierno sólo creció 16% mientras que el resto de la economía creció 35%, y en el campo sólo crearon 9.000 empleos por año. Pero no fue por falta de recursos pues el presupuesto para el sector se quintuplicó, sino porque buena parte de estos se dedicaron a subsidios ineficientes e inequitativos, y en parte a promover candidaturas presidenciales, olvidándose de los campesinos. Hoy existe la esperanza de que los cambios anunciados transformarán esta realidad.

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