Hay indignados

Enero 29, 2012 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

El Hay Festival es una fiesta de la palabra. De artesanos de la palabra que la usan y la manejan para contar sus historias con maestría embrujadora; y de aficionados que además de deleitarse en la lectura quieren conocer más de quién, cómo, por qué y para qué se mezclaron las palabras en esos relatos que los retan a ir más allá de los horizontes de su vida cotidiana.En cierta manera, en la buena literatura el contenido es un poco secundario. Más allá de lo que se diga, lo que importa es la forma en que se haga; cualquier historia o anécdota es buena si está bien contada. Por eso los temas del Hay son múltiples y variados. Se escribe y se conversa sobre el amor o la guerra, sobre angustias existenciales o conflictos sociales, sobre alienígenas de ficción o muy reales catástrofes ecológicas, sobre zagas familares o complejos procesos históricos, sobre filosofía o futbol. El único requisito y común denominador de esta babel de temas es la calidad estética.Pero los contenidos también tienen su significado e importancia. Dentro de la infinita variedad de temas y autores posibles la decisión de los organizadores del festival de a quién invitar y qué conversatorios programar refleja la evolución de la realidad que rodea a autores y lectores, y la intensidad de los debates de la coyuntura. Por eso no es de extrañar que en la versión 2012 del Hay uno de los temas recurrentes en muchos de los eventos haya sido el de los Indignados y las protestas masivas contra las injusticias del desorden social predominante.‘¿Epoca de cambios o cambio de época?’, ‘Ideas para un mundo en transición’ o ‘Indignados’ son los títulos de algunos de los conversatorios realizados. Otro que tuvo gran concurrencia fue el de la monja guerrillera, donde con asombrosa lucidez, Leonor Esguerra compartió la experiencia de sus 80 años de búsqueda para construir un mundo mejor. También es significativo que la poetisa libanesa Joumana Haddad, que el año pasado nos deslumbró con su amorosa confesión de haber matado a Scherezada, este año haya venido a hablar de las revoluciones en el mundo árabe y de ‘Literatura y cambio’. Como alguien decía, tal vez Bertold Brecht, hay momentos en que no se puede hablar de amor porque supone callar sobre tantas y tantas atrocidades.La literatura no es de izquierda o de derecha; sólo es buena o mala literatura. Pero siempre debe reflejar el mundo en el que viven los autores. Por eso el más famoso novelista norteamericano actual, Jonathan Frazer, dice que sus novelas son una exploración del mugre que se esconde tras del sueño americano. Y esa crítica a las grandes desigualdades de la sociedad norteamericana se hizo manifiesta en todos los debates sobre estos temas, donde se puso presente la falta de movilidad de esa sociedad y los enormes contrastes entre el 1% que lo tiene todo en exceso y el 99% que debe luchar por sobrevivir, y están indignados por ello. También en España, Grecia o Egipto hay indignación por motivos semejantes.Ha sido llamativo el lenguaje y los conceptos usados en los debates. Se habla hasta del fin del capitalismo, de la quiebra definitiva del sistema con una intensidad y pasión que recuerda los movimientos universitarios de los años sesenta y setenta. La diferencia es que hoy no existen paradigmas a donde mirar ni alternativas que ofrecer. Las que existían en esos años cayeron con el muro de Berlín y no ha surgido ninguna otra que las reemplace. Por supuesto que no le corresponde a la literatura diseñar esas alternativas, pero sí alimentar el espíritu y los ideales de quienes luchan por construirlas. Por eso es tan positivo que se pueda decir que Hay indignados en el Hay.

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