El Estado y la vida privada

Diciembre 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

¿Hasta dónde debe inmiscuirse el Estado en la vida privada de los ciudadanos? ¿Debe el Estado adoptar leyes y normas que regulen decisiones privadas que no afectan sino a quien las toma?Responder de manera lógica y coherente estas preguntas es la clave para tomar posición frente a dos proyectos de ley que se tramitan en el Congreso: el que legaliza el consumo de marihuana con fines medicinales, propuesto por el senador Juan Manuel Galán y el partido Liberal, y el que reglamenta la práctica de la eutanasia, impulsado por el senador Armando Benedetti.Los dos proyectos deben ser aprobados por el Congreso pues responden a una visión moderna y liberal del Estado que respeta la autonomía y libertad de los ciudadanos para tomar todas aquellas decisiones que solo afectan su vida privada y no causan perjuicios a los demás. Por eso no es extraño que los sectores más reaccionarios y retardatarios del país, como el Procurador y el partido del expresidente del todo vale se opongan a las dos iniciativas.Es importante recalcar que las decisiones privadas en las que no debe intervenir el Estado son aquellas que no afectan los derechos de otros, pues un principio esencial del Estado liberal es que mi derecho de dar un puño llega hasta donde empieza la nariz de mi vecino. En consecuencia no solo es aceptable sino que es necesaria e indispensable la regulación estatal a las conductas privadas que afectan la vida de los demás.Un ejemplo sirve para aclarar este concepto. Después de la nefasta experiencia de tratar de prohibir el consumo de alcohol en los Estados Unidos a principios del siglo pasado, en todo el mundo salvo en algunos países musulmanes radicales se permite el libre comercio de bebidas alcohólicas y nadie sensato propondría volver a su prohibición.Si una persona quiere emborracharse y perder la conciencia, es una decisión individual en la que el Estado no tiene competencia. Pero el Estado sí tiene que prohibir y castigar al que venda licor a menores o a quien cometa la imprudencia de conducir borracho un vehículo. Esta distinción, aceptada por casi todo el mundo para el alcohol, es totalmente aplicable a la marihuana, y no solo para su uso medicinal, como ya lo están haciendo en parte de Estados Unidos y Uruguay, y debería aceptarse en Colombia.Precisión similar es válida para la eutanasia, aún en su forma más radical que es el suicidio asistido. Cada persona debe decidir según sus creencias religiosas si puede o no disponer de su vida, pero al Estado le queda imposible prohibir o penalizar el suicidio, entre otras cosas porque si fuera un delito ya no hay delincuente a quien castigar.Es paradójico que la mayoría de esos sectores conservadores que abogan por la intervención del Estado en la vida privada, al mismo tiempo se oponen de manera radical a que el Estado intervenga en la economía y regule los mercados. La libertad del mercado es un dios que debe protegerse, aún a costa de la libertad real de las personas. ***Adenda: Aplausos merece el Banco de la República por su decisión de continuar su programa de compra de dólares a pesar de que el precio del dólar llegó a $2.400, y muchos más por no haber salido a vender dólares para detener la devaluación del peso. Ojalá continúe así y le confirme al mercado la señal de que no está dispuesto a proteger a los especuladores que le apostaron a la revaluación.

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