Dos Iglesias

Marzo 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

Ha llegado un nuevo papa, Francisco, latinoamericano y jesuita, a presidir los destinos de la Iglesia Católica, pero cabe preguntarse ¿cuál Iglesia? Porque para cualquier observador de la realidad del catolicismo es evidente que en su interior hay dos iglesias totalmente distintas.Una es la iglesia de los cardenales, esos señores que se pasean con ostentosos vestidos rojos de príncipes del Renacimiento, que celebran pomposos rituales con ornamentos bordados con hilos de oro y plata, con mitras como coronas de señores feudales, con báculos llenos de piedras preciosas que no sirven para pastorear el rebaño sino para golpear a quienes los cuestionan, con costosos cruces y anillos de oro que los fieles deben besar en señal de pleitesía.Otra es la Iglesia de los sacerdotes de las barriadas y los pueblos, con solo un cuello blanco o una cruz de madera para identificarse como testigos de Jesús, el Cristo, con tenis o botas pantaneras para andar entre la tierra y el barro en que viven sus comunidades, que comparten la eucaristía con sus hermanos con una simple casulla blanca y una estola, que viven en las mismas casas de sus vecinos y no en palacetes custodiados.Una es la iglesia de las majestuosas catedrales llenas de estatuas de mármol, valiosas pinturas y sacristías que albergan tesoros de custodias, crucifijos y otros relicarios de oro y piedras preciosas; templos donde hay que pagar para entrar y donde si Cristo entrara hoy sería para sacar a los mercaderes que han convertido su “casa de oración en cueva de bandidos” (Mateo, 21,13).Otra es la Iglesia de las capillas parroquiales con paredes descascaradas, de las colectas periódicas para reparar las goteras, de las que sirven de albergue a desplazados sin hogar, de los salones comunales del barrio que con una simple mesa y un crucifijo se convierten en el sitio donde la comunidad comparte la Palabra y el cuerpo de Cristo.Una es la iglesia machista y misógina, que ha demonizado el cuerpo de la mujer pero al mismo tiempo quiere tenerlo bajo su total control, que niega a sus sacerdotes la posibilidad de tener una compañera legal y niega a las mujeres la dignidad de ser sacerdotes, que califica de enfermos a los homosexuales y los discrimina.Otra es la Iglesia de María y María Magdalena, de todas las monjas que por amor a Cristo han tomado en serio aquello de la opción preferencial por los pobres y en los tugurios, las favelas y las comunas comparten con ellos sus vidas sembrando esperanza.Una es la iglesia que desde Constantino se convirtió en poder terrenal, que ‘entroniza’ como monarca vitalicio al sucesor de Pedro, el humilde pescador de Galilea, en una ceremonia con toda la pompa y el boato de la posesión de un jefe de estado con la asistencia de todos los poderes terrenales.Otra es la Iglesia que hoy Domingo de Ramos recuerda la ‘entronización’ de Jesús montado en un burro y festejado por los pobres de la tierra con humildes ramos de palma.Difícil dilema para el papa Francisco. En sus palabras y sus gestos se ve que está con la otra Iglesia, la de “los más pobres, los más débiles, los más pequeños”. Pero vivirá en medio de las intrigas palaciegas de la curia romana que tomó para Dios lo que es del César y le dio al César lo que es de Dios. ¿Cuál de las dos Iglesias prevalecerá?

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