De paros y piñatas

Marzo 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

El paro nacional cafetero, que se inició desde el pasado 25 de Febrero, es una de esas extrañas situaciones donde las dos partes enfrentadas -Gobierno y cafeteros- tienen la razón en una parte y al mismo tiempo están ambas muy equivocados en otra parte.Tienen toda la razón los caficultores en los motivos de su protesta pero se equivocan de plano en las soluciones que proponen y en la forma de presionarlas perjudicando a miles de personas ajenas al problema. El gobierno también se equivoca en los paliativos propuestos para salir de la crisis, aunque acierta en rechazar los bloqueos a las carreteras y la infiltración de políticos oportunistas de las extremas derecha e izquierda que quieren aprovechar los dulces de la piñata del paro, así tengan que romper la olla del orden público.Aunque ya han pasado las épocas en que ‘Colombia era café o no era nada’, el sector cafetero sigue siendo muy importante para la demanda interna y el empleo. Son casi 600.000 las familias cafeteras (el 5% del país), y el sector genera la tercera parte del empleo rural.La aritmética de la crisis cafetera es simple: por una arroba de café se pagan $52.000 y el costo de producirla es superior a los $62.000. Si la cosecha de este año llegara a los 10 millones de sacos, que son 74 millones de arrobas, las pérdidas serían de unos 400 millones de dólares. Es razón más que suficiente para protestar.Es curioso que cafeteros y gobierno propongan la misma solución de usar parte de los impuestos que pagamos todos los colombianos para dar un subsidio que compense la caída del precio. La gran diferencia es el monto del subsidio: el gobierno ya está dando $6.000 por arroba y ofrece llegar a $9.000 mientras que los cafeteros quieren $28.000. El costo para el presupuesto nacional sería de $700.000 millones en un caso, o más de dos billones de pesos en el otro.Ambos están totalmente equivocados y es un gran error que el gobierno ofrezca este tipo de subsidios. Primero porque es la vieja fórmula de socializar las pérdidas de la baja de precios, mientras que las ganancias de cuando suben los precios si son privadas y no se reparten entre todos los colombianos que pagamos el subsidio. Segundo porque es inequitativo dado que el 80% de la producción es propiedad de solo el 10% de los cafeteros, de manera que la mayor parte del subsidio iría a unas pocas manos. Tercero, porque usar recursos públicos para subsidiar a productores privados es un precedente funesto que ya está siendo imitado por otros sectores que también han sido afectado por la caída de los precios de sus productos.Si a los cafeteros se les da esa plata, los textileros, arroceros, palmicultores, floricultores, transportadores, etc.,etc. van a exigir un tratamiento similar, y habrán aprendido que para obtenerlo solo tienen que bloquear unas carreteras. El presupuesto público no puede convertirse en una piñata donde se lleva una mayor tajada el que empuje más.El común denominador de todos esos sectores es que están siendo arruinados por la revaluación del peso y la apertura hacia adentro. Si el dólar estuviera a $2.100 los cafeteros no tendrían pérdidas pues con el actual precio internacional del grano les podrían pagar para cubrir sus costos. La solución de corto plazo al paro cafetero está en manos del Banco de la República y el Ministerio de Hacienda que no han tomado todas las medidas que tienen a su alcance para frenar la revaluación.

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