¿A dónde va la plata de la salud?

Mayo 29, 2011 - 12:00 a.m. Por: Mauricio Cabrera Galvis

Robarse la plata de la salud es un atentado contra la vida de los colombianos tan grave, o más, que los actos terroristas de guerrilla y paramilitares. Por eso son tan oportunas las denuncias de estos desfalcos, incluyendo las que ha hecho el propio gobierno, y las investigaciones que están adelantando los órganos de control. Ojalá los resultados se vean pronto, pues la corrupción y el saqueo de los recursos públicos crecieron tanto en los últimos ocho años que se han convertido en el enemigo número uno de la sociedad colombiana, y el Estado debe demostrar que puede combatirlas.En el caso del atraco a la salud, hasta ahora las baterías se han concentrado en las EPS, que son los actores individuales más grandes y más visibles del sistema. Pero no son los únicos. Más aún, en contra de la opinión generalizada hay que decir que las EPS no son las grandes beneficiadas de las platas de la salud; son sólo un eslabón de la cadena, el canal a través del cual se distribuyen multimillonarios recursos a muchos otros actores.Es evidente que en el carrusel de los recobros al Fosyga hay involucrados funcionarios corruptos de las EPS, así como del Ministerio de Protección, de clínicas y laboratorios farmacéuticos. Pero un saqueo de las proporciones denunciadas no se quedó todo en los bolsillos de unos cuantos intermediarios; siga el rastro de la plata, dicen en las películas de detectives, y eso deberían hacer las autoridades.En Colombia se gastaron el año pasado unos $36 billones en salud, que equivalen al 7,5% del PIB. Es menos de lo que gastan otros países en Europa y Estados Unidos, donde puede llegar al 15% del PIB, pero de todas maneras con tal cantidad de plata (que es más de lo que se gasta en defensa y seguridad) los colombianos deberían tener un mejor servicio de salud.Las EPS del régimen contributivo tienen 16,5 millones de afiliados, que son cerca del 40% de la población y en el 2010 tuvieron ingresos por $12,5 billones, es decir que manejaron un poco más de la tercera parte del gasto en salud del país. Pero el 92% de esa plata solo pasó por las EPS pues se fue para pagar medicamentos y servicios de las IPS (tales como clínicas y laboratorios). ¿Quién vigila y controla a las IPS y a los vendedores de medicamentos?En el caso de las 14 EPS privadas (sin contar el antiguo ISS) recibieron $10,7 billones de sus afiliados, pero pagaron $9,8 billones a médicos, IPS y laboratorios; les quedaron $860.000 millones para atender sus gastos administrativos y de ventas, y como estos fueron $950.000 millones, entonces tuvieron pérdidas operacionales. Es posible que las EPS sean ineficientes, o que tengan mucha burocracia, pero como empresas no están ganando plata. Cosa diferente es que algunos de sus funcionarios se estén enriqueciendo con maniobras fraudulentas que deben ser castigadas de manera ejemplarizante.Uno de los desangres más grandes en el sistema de salud son los costos de los medicamentos, especialmente los fabricados por las grandes multinacionales que, amparados en la liberación de precios que les dio el gobierno de Uribe cobran en Colombia precios muchos más altos que en otros países, lo que reduce los recursos disponibles para el servicio de salud.En el 2009 las EPS gastaron $4,5 billones en medicamentos, es decir el 40% de su gasto total, de los cuales $2,5 billones fueron para drogas No-POS, lo cual explica por qué la mayor parte del carrusel de los recobros se fue para pagar medicamentos.Además de controlar los excesos de las EPS las autoridades deben investigar a dónde llega la plata de la salud y vigilar a quienes la reciben al final de la cadena.

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