¿Y el puente, qué?

Junio 26, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

No voy a comentar acerca de estos tres puentes seguidos que estamos padeciendo los colombianos y que han desbarajustado totalmente el poco impulso productivo que traemos en este año de incertidumbres, paros y recesiones y en los que las semanas se acortan a tres días porque la holgazanería arranca desde los viernes (y falta uno).

Me quiero referir a un tema que se ha vuelto viral, como dicen ahora, y es el angostamiento de la Avenida 2a Norte desde la Calle 25 hasta La Torre de Cali, obra que nada que se termina y que ha patasarribiado la circulación por un tramo en el que hoy se presenta un injustificado trancón por la decisión de darle espacio a un parque, que estaba bien para el otro lado del río, pero no para una vía que hoy tiene desesperados a quienes obligatoriamente deben pasar por ese sitio en el que -y para colmo de males- la calle está destrozada y el mencionado parque no amerita su existencia.

Por otra parte, quienes ingresan a Cali, incluyendo los que vienen del aeropuerto Bonilla Aragón y toman la recta a Palmira y van hacia el norte, el oeste o al centro y no cruzan por la 44 o la 34, terminan sufriendo el paso de tortuga de marras y deben además pasar por debajo de un puente que parece ser el último vestigio de la explosión del 7 de Agosto.

Ese remedo de puente es una pocilga completa: el piso es un acaba carros y riñones porque el pavimento o se ha levantado o ya no existe. Sus paredes están pintadas grotescamente con colorinches de pueblo traqueto. La poca señalización son unos conos desteñidos que los han ‘parado’ con piedras y ladrillos. Pululan los pordioseros y los vendedores de maricaditas. Hay un músico que ameniza el suplicio perpetrando vallenatos amplificando su voz con un parlante ensordecedor y claro y aprovechando la situación, están también los ladrones de celulares que a pie comenten sus fechorías.

¿Cuándo han visto ustedes allí a la autoridad? Yo, que debo pasar por ese lugar kafkiano que me enerva y me avergüenza con quienes visitan a la ‘Capital del Pacífico’ (como nos están cacareando ahora que nos llamamos), jamás, léanlo bien, jamás he visto policía alguno.
Huelga decir que la estructura del puente de la ignominia esta fracturada y amenaza ruina y ese ingreso a la Cali residencial por tal embudo es un contrasentido total.

¿Y es que a nadie se le ha ocurrido arreglarlo y enlucirlo o al menos ponerlo presentable o decoroso? A la dependencia municipal que le corresponde esa tarea quiero decirle que está perdiendo el año y que no hay derecho para semejante desidia.

Por último y para que se aterren, ese puente no sirve para nada porque por allí hace rato que no pasa el tren cuyo anterior concesionario -el que se voló y se lo entregó al paisa culebrero que no tiene en que caerse muerto y que no le ha pagado a los trabajadores y ha vendido los activos de la empresa- ese concesionario, repito, le metió a la estación que queda unos metricos más adelante varios millones de dólares y no fue capaz de sacar una bicoca para arreglar el infame puente de la ignominia.

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