Vendiendo el sofá

Abril 03, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

“La responsabilidad del cumplimiento de las normas establecidas en el Decreto Arquidiocesano para la Protección de Menores y el Manual de Conducta para la Prevención de Delitos de Abuso Sexual contra menores de edad, recae exclusivamente en mi persona y no en la Arquidiócesis de Cali o en la entidad eclesiástica en la que presto mi servicio. Asumo por tanto mi responsabilidad ante los hechos que pudieran imputárseme por incumplimiento de estas directivas, así como las sanciones civiles y canónicas que mis actos pudieran comportar”.

Lo anterior es uno de los apartes de un documento mediante el cual la Arquidiócesis está obligando a los párrocos de las iglesias católicas de Cali a firmar este insólito y por demás ilegal compromiso.

Dicho en otras palabras, se obliga a que cada párroco acepte, entre otras cosas, que asume de su propio pecunio la indemnizaciones que tengan que pagarse por los actos de pederastia que perpetre de ahora en adelante, librando con ello a la Santa Madre Iglesia de la responsabilidad que hoy le compete a la Arquidiócesis.

Semejante exabrupto, es el coletazo del proceso que tiene a punto de la bancarrota a la sacrosanta institución, porque las pretensiones del abogado demandante en favor de las víctimas violadas por el padre Mazo, suman varios miles de millones.

Lo anterior contraría los requisitos y exigencias de las leyes canónicas, que son muy claras cuando se trata de escoger o nombrar un párroco, como son entre otras, la idoneidad, la probidad moral, la madurez psicosexual (el subrayado es mío), lo cual es del resorte de los respectivos obispos o arzobispos.

Pretender entonces trasladar la responsabilidad del comportamiento sexual a cada párroco, es una demostración de un facilismo supino absolutamente inaceptable y una venta del sofá.

Ignoro quienes son los asesores del señor Arzobispo en estos temas celibatarios y más aún, en lo que tiene que ver con la pederastia, pero creo que le están haciendo meter las patas.

Lo anterior se suma a lo que se dijo en torno a que si un cura comente actos de pedofilia en horas no parroquiales, estos no serán de su responsabilidad, manteniéndose además la ‘doctrina’ de que si se trata de aberraciones perpetradas en horas nocturnas o los fines de semana, la culpa seguirá siendo de los padres de familia, o sea que las altas jerarquías eclesiásticas, pasaran de agache para que continúe la fiesta.

Quiero aclarar que nunca he dicho o escrito que nuestro Monseñor sea pederasta o algo por el estilo. He insistido sí, en que sus defensas a esos curas depravados no es lo que uno esperaría de un ‘Ministro de Dios’ y que además, echarle la culpa a los padres de familia de las violaciones de sus hijos es cuando menos, salirse por la tangente.

Y después nos lamentamos de que el Papa Francisco no vaya a venir a Cali...

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PD: Y pensar que la tragedia de Mocoa se pudo evitar. Tal como sucedió en Armero, hubo muchas advertencias que no fueron tenidas en cuenta ni menos escuchadas. Hoy, por culpa de la dejadez y la falta de previsión, esta pobre gente está pagando las consecuencias de un Estado que no le prestó atención a las alertas que se le dieron. ¿Cuál será la próxima tragedia?

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