Regalos

Junio 05, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Próximo a cumplir mis primeros 67 junios este sábado, quiero notificarle a los cientos de amigos y conocidos que se van a retratar con sendos óbolos para expresarme su afecto, que se abstengan de regalarme los siguientes artículos:

Piyamas, chanclas y levantadoras pues como no duermo, no las utilizo. Para esa gracia háganme llegar varías gruesas de Isoklon que es lo único que me funde, y eso.

Detesto los libros de autoayuda. ¡No, por favor! No me hagan ese mal y menos con dedicatorias zalameras de esas que lo hacen sentir a uno culpable. Así que no se desencarten de regalos que les dieron, reciclándome libros nada-que-ver conmigo como por ejemplo ‘Manual del constructor’ (en la vida se me ha ocurrido pegar un ladrillo), ‘Yo vencí el cáncer’ (tranquilos, todavía no me lo han diagnosticado), o ‘Cien y más posiciones para enloquecer a su pareja’ (sin matoneo ni bulling).

Y a propósito, nada de mamagallismos tontarrones como aparecerse con gruesas de condones, cajas de pañales, kits de primeros auxilios en caso de izquemias o infartos (ojo: el diablo es puerco), tensiómetros, audífonos, bastones, patos y caminadores.

Recuerden que no tomo vino y como tendré ‘open mediagua’, les advierto que ya me conozco el truquito ese de llevar vino y tomar whisky. Además, cuidado con desencañengarse de lo que les han obsequiado , que podrá ser una forma práctica de salir de los sansones, cariñosos, sabajones y demás menjurjes, porque quedan más mal que si se llegasen con las manos vacías.

No quiero ni biblias (ya mi pastor me regaló una subrayada), ni estampas, ni vírgenes, ni escapularios, ni crucifijos y menos tapetes de esos que dicen “Aquí vivimos con el Santísimo expuesto” o “Bienvenidos a este templo del amor”.

Como la tecnología me embiste los aparatos electrónicos de ahora son para mí un dolor de cabeza. Me saco un ojo con esos televisores de última generación, que no sé ni cómo prenderlos y peor cuando hay que conectarles otros aparatos más complicados aún. No puedo con los equipos de sonido llenos de botones y si son radios, que solo tengan on/off y volumen.

Por otra parte, pierden el tiempo con celulares inteligentes que para aprender a manejarlos hay que tomar un curso en la Nasa. Les ruego que no me compliquen la vida estresándome con esos bichos que hasta adivinan la suerte.

En materia financiera, ni se les ocurra halagarme con acciones de Ecopetrol o de Bavaria o pagarés de Estraval o cheques viajeros caducados. Recibo billetes de alta denominación y si son euros o yenes mejor, bonos de Junior Licores, La 14, Platillos, Flores Frescas (¿aún existe?) o un tet-a-tet con Desesperanza Gómez.

Tiquetes sí, pero de ida y vuelta y que no sean a La Bocana, El Milagroso de Buga, Guachené (que es donde siempre me quiere mandar Dieguito Martínez) preferiblemente con alojamientos y sin tours ni guías trilingües, please.

Como podrán advertir regalarme es muy difícil (camisas talla L, calzo 41, pantalones 36, color preferido el azul 36 y ropa íntima blanca) así que mejor limítense a orar por este pajarraco que este sábado va a estar súper embolatado.

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