¿Que se acaba el Liceo?

¿Que se acaba el Liceo?

Febrero 19, 2018 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

El comentario, rumor o chisme tiene ya varios meses. Primero fue a ‘soto voce’ con la promesa de mantenerlo cual secreto masónico. Sin embargo se fue expandiendo inicialmente entre las partes interesadas que quisieron mantener entre ellas esa aseveración. Pero sobrevino una multiplicación geométrica y ya es comidilla de las peluquerías y los gimnasios en boca de las chismosas de siempre.

En el caso que nos ocupa, el ‘bocato di cardinale’ es el cierre del Liceo Benalcázar, patrimonio educativo y cultural de Cali, destacado nacionalmente como un plantel de primer orden, del cual han salido egresadas sobresalientes de una comunidad femenina que ha descollado en todos los campos de las actividades culturales, políticas, empresariales, sociales y todo lo imaginable que pueden hacer las mujeres.

No en vano la ‘señora Ana’ (Ana López de Domínguez) de la mano y con la inspiración de María Perlaza, dedicaron su vida al desarrollo de un nuevo modelo educativo de avanzada, con un concepto diferente de nuestras mujeres, que entonces eran consideradas, cuando no un elemento decorativo y paridor de hijos, unas esclavas de las noches de sus maridos y unas ciudadanas de segunda.

La revolución planteada por tan insignes matronas produjo el fenómeno liceísta con el célebre lema de ‘tensión y ritmo’ que tipificó a muchas generaciones de bachilleres (¿o bachilleras?) que hoy son una verdadera cofradía y un ejemplo de mujeres echadas para adelante, competitivas, inquietas intelectualmente y comprometidas con su entorno.

Pasaron los años, ambas murieron y tomó las riendas del Liceo, Gloria Domínguez de Leroy quien continuó con la saga de su progenitora y ese Liceo que brindaba excelsa formación a unas mensualidades irrisorias, comenzó a tener competencia, ya no la del Sagrado Corazón o La Presentación -de monjas ambos- sino de los colegios bilingües que irrumpieron en Cali con el Bolívar y el Colombo Británico inicialmente y más aún, mixtos ambos.

A lo anterior se le comenzó a sumar que las hijas de las egresadas del Liceo, prefirieron los novedosos bilingües mixtos que dieron pie a otros colegios similares, o las más pudientes a enviar a sus niñas a sacar el High School a Estados Unidos, Canadá o Europa produciéndose un éxodo que golpeó fuertemente las matrículas y por ende los ingresos de esta corporación sin ánimo de lucro, construida en terrenos donados por la familia Garcés Córdoba cuando desarrolló el barrio Santa Teresita.

Por eso hoy en día el Liceo regentado por Isabel Leroy no está boyante, como nunca quiso estarlo y ha tenido un descenso en la cantidad de alumnas -no es mixto- sin renunciar jamás a sus postulados y a su filosofía formativa.

Pero ello no significa que esté quebrado ni que lo vayan a cerrar. Esa labor educativa que lleva más de 80 años no ha caído ni caerá víctima de los cantos de sirenas del mercadeo, que seguramente le recomendaría abrirse a la comunidad yendo en contra de sus propios principios.

Y eso me alegra mucho y más porque soy liceísta: no en vano cursé allí kínder con las señoritas Rosalba Perdomo, Irma Flórez y María Murillas, y atérrense: ¡Gané el año!

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