“Mami, me quiero empuchecar”

Mayo 08, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Con esta insinuación respondió Andrea Paola al saludo que le dio su madre al despertarle para darle la efusiva felicitación por sus 15 añitos. Su progenitora, una mujer cincuentona muy célebre por cierto, se quedó de una sola pieza habida cuenta que le tenía planeada una fiesta rosada en un reputado club social a la que pensaba invitar a sus compañeritas de curso, a un selecto grupo de muchachitos que debían vestir saco y corbata y, lógico, a sus familiares encabezados por sus abuelitos en un ágape con una cena muy especial, Coca-Cola con ron -este último muy escaso-, amenizado con los valses de Strauss y rematado con un sentido y alambicado discurso de su padre.

Tras semejante petición que se fue convirtiendo en exigencia, su mamá no pudo menos que rechazar la desfachatez de la gran caraja que rompió en llanto, no fue al colegio y se encerró a llorar el día entero.

En horas de la tarde y siguiendo los consejos de la sicóloga -¿sería Gloriah?- trató de abordar a la bebé, como le dicen en su casa, quien le leyó la reciente sentencia de la Corte Constitucional que echó para atrás la prohibición de que a las menores de 18 años se les practicaran cirugías plásticas.

No contenta con lo anterior, le enseñó la cotización que había solicitado para su empuchecamiento y que le llegó con una oferta consistente en un imperdible combo: por el precio de una cirugía, le hacían dos sin recargo alguno. Así que Andreíta le propuso a su mamá que aprovechara esta oportunidad única y feliz y se ensiliconara también porque ya sus pechos, además de pequeños, estaban más caídos que busto de gitana.

“Por sobre mi cadáver”, sólo atinó a decir la señora totalmente descompuesta agravándose el asunto cuando la niñita le recalcó que la Corte además dijo que los hijos no son propiedad de los padres y que lo único que éstos deben hacer es llevar a sus vástagos por el buen camino.

Entonces y ante el no rotundo que recibió por semejante exabrupto, se ranchó en no querer fiesta alguna la que le pareció ridícula y “de quinta” y otra vez sollozando, manifestó que lo que iba a hacer entonces era organizar una lluvia de sobres para pagar parte de la cirugía y que el resto del dinero lo iba a conseguir vendiendo por la mitad la otra empechugada a la hermana de una amiga que estaba enloquecida por embustarse.

De nada valieron los argumentos y hasta las súplicas, formándose un caos familiar en el que intervino hasta el abuelo, un viejo ya despistado que expresó que le parecía maravillosa la iniciativa de la quinceañera y que lo que debían hacer con la otra operación a la que tenía derecho, era regalársela a su esposa, una venerable anciana otrora muy buena moza que quedaría -según sus propias palabras- de rechupete.

Al momento de escribir esta columna ignoro en que ha parado la cosa y lo último que supe fue que el abuelo de Andrea Paola está dedicado a ver el canal Venus para escoger cuáles puchecas le sentarán mejor a su consorte.

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