Malaventura

Malaventura

Mayo 22, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Los actos vandálicos perpetrados el pasado viernes contra el comercio de Buenaventura -especialmente contra La 14 y otros almacenes y locales- prendieron las alarmas en torno a la peligrosa situación social que padece el mal llamado primer puerto del país.

Lo sucedido estaba cantado y demos gracias que no fue peor. El caldo de cultivo que allí se ha ido cocinando es una bomba de tiempo que puede llegar a extremos inimaginables.

Aunque tales desmanes fueron cometidos por raponeros de la peor calaña que aprovecharon la situación y saquearon lo que tenían a su paso, no podemos quedarnos solamente en medidas represivas para castigar a los culpables y en acciones preventivas para evitar que se vuelvan a suceder.

Y es que quienes cometieron tales fechorías no representan ni un mínimo porcentaje de los 400 mil habitantes bonaverenses, gentes pacíficas y pacientes que están haciendo un reclamo justo que debe ser atendido por el Gobierno Nacional.

Con un desempleo que sobrepasa el explosivo 60%, la carencia de agua las 24 horas del día y de un hospital que atienda las urgencias básicas de la población -para no citar el rosario de necesidades que le aquejan- Buenaventura no aguanta más y por ello están con el paro desde las distintas iglesias hasta muchos de los pequeños empresarios, comerciantes y la población en general, quienes no logran entender como este puerto que produce bocanadas de millones que van a las arcas centralistas, al municipio no le quedan ni las migajas de toda esa billonada.

Como desafortunadamente ha hecho carrera en este país que para ser escuchado hay que plantarse, parar y sublevarse, bien sea por las buenas o por las malas, este movimiento está justificado plenamente.

Ahora, que se llegue a extremos delincuenciales es otro cantar. Pero eso era de esperarse porque desafortunadamente la Fuerza Pública estaba con los calzones abajo aquel 19, como reza la canción…

Así las cosas, la situación no va a normalizarse con pañitos de agua tibia -como ha sido siempre- sino con un compromiso que exigirá la presencia del presidente Santos que como máxima autoridad de este país sea garante de una solución que no da más espera.

En tanto, abriguemos la esperanza de que la mencionada paciencia de los sobrevivientes de ese bello puerto del mar no se desborde y provoque un tsunami en el cual todos saldremos perjudicados.

A la hora de escribir esta columna se ha sabido que ninguna de las partes no quieren ceder: los promotores del paro en Buenaventura mantienen su postura de negociar en medio del cese y el Gobierno Nacional, por su parte, ha dejado entrever que no lo va a hacer bajo este tipo de presiones.

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PD:
Mientras que la salida del Túnel Mundialista se ampliará a tres carriles para mejorar la movilidad, a pocos metros se reducirá a tres carriles la vía que lleva al CAM, produciéndose un trancón peor. ¿Quién entiende esto?

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