La ‘Plaza de la prostitución’

La ‘Plaza de la prostitución’

Junio 04, 2018 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Yo pensé que la ‘Plaza Mayor’ de nuestra ciudad, custodiada por la estatua del alférez Don Joaquín de Cayzedo y Cuero, estaba funcionando como un relojito luego de los ingentes esfuerzos de quienes lograron erradicar los declaradores de renta, rábulas, pitonisas y demás especímenes folclóricos, amén de las bancas y la maleza y la enlucieron con primor y paisajismo, ¡y no!

La unidad investigativa de este pajarraco pudo constatar que lo que hay hoy es la permanentemente y descarada concurrencia de mujeres cincuentonas que exhiben sus carnes al mejor postor, oferta que es acogida sobre todo por jubilados y terceredadeños que compran sexo, el que practican (?) en hotelitos cercanos que venden el rato por unos pocos pesos.

Hasta allí, además de ultrajante con un lugar que debiera ser utilizado para otros menesteres, nada qué hacer. Las meretrices se disfrazan de vendedoras de chicles, gelatinas o minuteras y a pesar de sus vulgarzotas figuras de esas que aún se ven cerca a las galerías, la cosa no pasaría a mayores.

Lo que sucede es que últimamente están llegando mucharejitas, de esas que le dicen a uno mi amor sin conocerlo, las que con sus shortcitos descaderados, sus blusitas escotadas y sus sandalias plateadas no sólo están desplazando a las veteranas, que ya han reaccionado contra las invasoras de su espacio y no demoran en agredirlas con navajas y cuchillos, sino que tienen deslumbrados a los viejecillos a los que -atérrense- les suministran dentro de sus tarifas, unas milagrosas pildoritas azules que según dicen, los ponen como guadua de retén dando vía.

Como es de esperarse, la otrora Plaza de Cayzedo se está convirtiendo en un mercado público de oferta y demanda de la prostitución, la cual está siendo ya visitada por otro tipo de público vendedor y comprador de sexo sin faltar los expendedores de marihuana y de ahí para arriba lo que pida el público. Incluso se sabe de un pensionado al que le dio un patatus por la mezcla de la pepa esa y tres chupaditas de maracachafa quien por poco estira la pata en la desaparecida calle del pecado.

Finalmente y para completar el almendrón, la banda de la Policía, los últimos viernes de cada mes, martiriza por las tardes con su música fiestera y alegrona a quienes laboran hasta ya entrada la noche, con presentaciones en tarima y ensordecedores parlantes, lo que está congregando más y más gente y en donde las putonas viejas y las putitas jóvenes -ojo, ya hay menores de edad-, al igual que los hoteluchos de mala muerte están haciendo su agosto ante los ojos y oídos de las autoridades y el amacice, perdón el amenice, de la mismísima banda de la Policía que debería irse con su música para otra parte.

P.D.: Ojalá quienes están pensando botar el voto, sopesen cuál es la mejor opción para nuestro país: si una izquierda irreversible con las nefastas consecuencias que ella conlleva o una mal llamada derecha que es más de centro, de unión y de democracia participativa en manos de quien va a demostrar independencia, eficiencia y la realización de un programa de gobierno incluyente, honrado, juvenil; porque y como dice su eslogan, el futuro es de todos.

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