La paz de los kokonukos

Abril 10, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

La anhelada, costosa y divergente paz parece que no le ha llegado a los indios kokonukos que invadieron el acceso a los Termales Aguatibia (vía Coconuco-Paletara), una empresa privada y privada de la protección que le tiene que dar el Estado y que le ha apostado al posconflicto como manera de lograr una sana convivencia, generando fuentes de trabajo y haciendo cuantiosas inversiones.

Se tata, repito, de una empresa privada -y lo enfatizo porque ese carácter no es ningún pecado ni delito- que brinda sano y saludable esparcimiento a más de 80 mil turistas al año, provenientes del sur y centro del país y de nuestro vecino Ecuador.

Allí se han construido unas muy buenas instalaciones con varias piscinas a distintas temperaturas, para el solaz de sus visitantes, en su mayoría familias y niños, que pueden pasar el día en un ambiente agradable, un clima reconfortante y un paisaje único.

Es, sin duda, el mayor atractivo turístico popular del Cauca que ahora, con la ampliación de la vía al Huila, tendría mayor concurrencia.

Sin embargo, y desde hace varios años, la comunidad indígena le tiene puesto el ojo a este esfuerzo de muchas décadas de uno de esos tantos payaneses quijotescos, que han luchado y hasta han dado su vida por sus ideales y por su terruño.

Y curiosamente estas invasiones se suceden iniciándose la Semana Santa, el evento más significativo del hermano departamento, al que acuden miles de peregrinos que se bañan en esas aguas benditas y según dicen, salen santificados...

En esta ocasión y desde hace varios días, cerca de 250 kokonukos –así se autobautizaron en los 90 y no Coconucos por ser oriundos de ese corregimiento del municipio de Purace, -gentilicio por demás evocador de los pollos que hiciera famoso Hernán Nichols y que acaban de vender- se tomaron el ingreso a las termales, levantaron sus cambuches y como cualquier Ernesto Samper han dicho “aquí estamos y aquí nos quedamos”.

Aguatibia espera o esperaba 8 mil visitantes y es poco o nada lo que han hecho las autoridades incompetentes. Primero, jugaron al Tongo le dio a Borondongo, luego, a practicar las aguas tibias como si estuvieran despachando desde los termales y ahora, cuando ya el problema se creció, se dedicaron al ‘bracicrucismo’ sin imponer la ley y la Constitución como Dios manda.

Los Kokorikos diré, los Kokonukos alegan que el gobierno no les ha cumplido. Y el gobierno dice que está en ello y como todo se resuelve en Bogotá y “en Palacio todo anda despacio” no se espera una solución, por más Chuspas y Aurelitos que intercedan.

Así las cosas, las cuatro o cinco mil familias con sus respectivas proles, amén de los hostales, cafeterías y vendedores de artesanías -entre otros- se quedarán con los hechos crespos, perjudicándose una región entera, ante los ojos de una comunidad impávida que no entiende cómo, en una supuesta época de reconciliación, se siguen dando estas agresiones, estas usurpaciones y estas provocaciones que en nada contribuyen a la cacareada paz.

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