La delirante Nieves

Julio 10, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Azota de nuevo las calles de Cali la otrora ‘Negra Nieves’, que por esos embelecos del racismo y envalentonada por Chapurri, debió dejar hasta su delantal y casi color distintivo y desmelanizarse so pena de afrontar problemas que la hubieran condenado al blanqueamiento y al olvido.

Tras varios años paramudos en los que acrecentó su celebridad -‘naides’ es profeta en su tierra- decidió volver a su natal ciudad y hela aquí de nuevo, donde ha sido recibida como el hijo pródigo, incluso con su macanudo Hétor, de quien afirman es tan decano como Lotario y Robin, pero como ellos y tantos otros que nos circundan y merodean y que no han tenido la hombría de salir del closet, la conserva como arrocito en bajo.

Sin haber olvidado nunca su Siloé, le hacía falta sí el ‘face to face’, como dicen los de su raza, y está aquí alegrándonos con su humor a ratos ingenuo, y otras veces preñado de la perversidad payanesa de sus antepasados, diciendo verdades y también -como el caso que me ocupa- algunas exageraciones producto de malas compañías o de lo que yo llamaría una especie de soroche a la inversa, o un prolongado ‘jet lag’, o lo que les da a los capitalinos que vienen a estos lares y el sofoco los torna delirantes y los hace decir cosas que no son.

Y eso le pasó conmigo, su amigo de tantas bullerías y picardías, con las que adoba y sazona las verdades de a puño que resume magistralmente en menos palabras que en esos tweets que nos tienen hasta la coronilla.
Pues bien, Nieves acusó a este pajarraco, ya con sus alas encanecidas, de querer pavimentar el río Cali para mejorar la inmovilidad que estamos soportando y que va en crecendo, en una exageración que me ubicó como enemigo de los prados floridos y de las impertérritas arboledas a las cuales soy tan devoto y tan afín.

He dicho, digo y diré que sacar de circulación uno o más carriles de nuestras atrofiadas vías para darle paso a unos parques, que ojalá no se abandonen como sucede con la mayoría de los que hoy son un monumento a la desidia, es una apuesta que si bien puede funcionar en otras ciudades e incluso en otros sectores de Cali donde se están haciendo a exasperantes velocidades de tortuga, es un total contrasentido.

A una ciudad a la que le entran anualmente más de 30.000 vehículos y en donde las motos son intocables y no hay calles por donde circular, quitarle espacios vehiculares es un absurdo total.

Me dirán que ello aumentará la utilización del MÍO e incluso de las bicicletas, pero cómo les parece que he visto a Nieves feliz y dichosa en autos piratas, en motoratones, e incluso en la Lambreta de Hétor, en la que se desplaza cuando no con ella, en compañía de un muchachón blanco como la nieve.

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PD:
Ante la denuncia de Sirirí de que el cantante Ricardo Arjona le debe a un hotel de Cali desde hace varios años 25 millones de pesos, los colegas hoteleros decidieron bloquear a este artista y no lo van a recibir hasta que no se ponga al día. Eso es lo que se llama solidaridad gremial.

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