Este cuerpo no me sirve

Este cuerpo no me sirve

Marzo 26, 2018 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Desde hace varios años estoy percibiendo que siento cierta desazón con este cuerpecito que me dio mi Dios. Y no es que me haya quedado grande sino todo lo contrario. Es decir, mientras que mi espíritu y mis ganas de hacer cosas son cada vez más crecientes, esta humanidad decrece y decrece al punto que he considerado -si es que se puede- cambiar de cuerpo por uno menos trajinado, más ágil e incluso más saludable.

Ya sé que me dirán que es imposible y que estoy loco, aceptando lo último de entrada. ¿Pero, imposible? No lo creo en este mundo en que la tecnología va a ser capaz de cosas inimaginables.

Y como estamos en una -ojalá- época de reflexión en la que tampoco dejaré de soñar, mi imaginación me lleva a pensar que uno debería contar con un cuerpo de repuesto, algo así como un vestido completo en una nevera y tenerlo en un estado de hibernación listo a ser utilizado cuando lo desee.

Y me explico: si quiero por ejemplo subirme a las Tres Cruces este Jueves o Viernes santos y estos 92 kilos -cero ejercicio- no dan ni para la Loma de la Cruz, pues muy sencillo, voy al nevecon donde está mi otro yo y simplemente paso, que será, el alma, el espíritu, el cerebro al nuevo cuerpo que está en reposo, con poco kilometraje, dejo el viejo ‘cargándo’ o porque no, en reparaciones varias y me trepo por una pared enjabonada.

Y si tengo varias reuniones en un día y como dicen, solo aguanto un turno, pues utilizo mi otro cuerpo, repito trasnochada y sigo derecho al otro día.

Claro que debo cuidar que mi apariencia siga siendo la misma -para que nadie note que tengo un homónimo corporal y no se preste a malos entendidos- pero menos barrigón, con movilidad de gacela, derechito y no torcido como estoy ahora, víctima de los dolores de la columna (la vertebral, porque esta me produce son dolores de cabeza), capaz de ingestar lechonas, moluscos y crustáceos, atollados, callos, embutidos, vinos de todos los colores, Dry Martinis, Absentas y hasta chichas y guarapos.

Ah, y si amanezco enguayabado o con cefalea o migraña o simplemente estoy mamado, pues ahí está el otro cuerpo, el viejito que a pesar del tiempo no me hace quedar mal... Aunque para lo otro, quién sabe y como le tengo desconfianza pues no me arriesgo, me pongo el de repuesto y ‘agárrate Helena que se cayó este catre’.

Pues bien lectores que me quedan : les digo que no estoy bajo efecto de barbitúrico alguno, que no he hablado con Miky Calero, que hoy es lunes 5 de la tarde y el último trago me lo apliqué el sábado -un whiskicito paliducho- o sea que estoy en mis cabales.

Entonces, os lo digo y os lo repito: ¿Imagináis vosotros la maravilla de tener un cuerpo de repuesto o, pensándolo bien dos cuerpos para no achicopalarse jamás?

Así que si en un futuro, ojalá no muy lejano, se encuentran con Anderson Cooper en el Restaurante Platillos Voladores, no se extrañen: se trata ni más ni menos que de este Sirirí debidamente repontencializado.

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