El estreno de Mira

El estreno de Mira

Julio 31, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Sorprendió el nuevo presidente de Asocaña y todo porque quienes creían que iba a ser un continuador de la diplomacia de su antecesor, se quedaron boquiabiertos con su primera salida al ruedo.

Sucede que el pasado sábado, un grupo de indígenas -de esos terratenientes que ya poseen mas de 600 mil hectáreas de tierras en el vecino departamento del Cauca y quieren más y más- detonaron explosivos a las tropas del Batallón Codazzi, quemaron 100 hectáreas sembradas de caña pertenecientes a las fincas Vista Hermosa y Barro Colorado e incineraron dos buses de transporte de corteros de caña, sembrando el terror en el municipio de Caloto y sus alrededores.

Es de anotar que estas “incursiones” -como llaman ahora a tales actos de bandidaje- llevan años de ocurrencia en la región nortecaucana por parte de esos cabildos que reclaman esa tierra por razones ancestrales siendo que nunca jamás tuvieron asiento en tales latitudes, entre otras cosas porque eran unos pantanos en que no vivían ni las garzas.

Recuerden no más lo que ha sucedido con el cojonudo agricultor Álvaro Saa que se ha enfrentado a golpes y machete con quienes a las malas han pretendido arrebatarle sus propiedades y está ad portas de que lo asesinen.

En tanto, el alto Gobierno Central se ha hecho el orejimocho, al igual que el Ministerio de Agricultura que no ha dicho ni ‘mu’ frente al cabildo que se ha instalado al borde de la carretera Panamericana -en la vía a Popayán en el sector de El Cofre- en donde sus integrantes tienen asolados a los cultivadores de café a los que les acaban de destruir varios bultos de un gran esfuerzo para sacar pepas de la mejor calidad de exportación.

Y ni para qué recordar la invasión a los termales de Aguatibia que siguen cerrados por los vericuetos jurídicos que han impedido el desalojo decretado y ordenado los jueces de la República.

Pero volviendo al tema del nuevo presidente de Asocaña, sorprendió -repito- el enhiesto comunicado de rechazo a esta agresión y todo porque eran muchos los que creían que por haber sido alto funcionario del actual Gobierno no se iba a meter con temas relacionados con la guerrilla, la subversión y la obsesiva paz que en el Cauca está en pañales.

Es así como se despachó solidarizándose con la Fuerza Pública, con los trabajadores damnificados y sus familias y con los propietarios de esas tierras, en una actitud muy distinta a la que habría esperado su anterior morada, precisamente, La Casa de Nariño.

Mira ha puesto en la mira y sobre el tapete lo que está sucediendo a pocos kilómetros de Cali y que es imposible taparlo, ignorarlo y evitarlo más. Allí hay una guerra declarada por adueñarse de terrenos (ya han quemado mas de 2.700 hectáreas de caña), terrenos que como ha sucedido por ahí cerca terminan los indios alquilándoselos a los ingenios ante su imposibilidad física y mental de hacerla producir.

¿Para qué mas tierra? ¿Será para alimentar la gran burocracia de sus dirigentes hoy con 4x4 blindadas, escoltas, apartamentos en Rosales, viajes en primera clase y honorarios astronómicos? Para eso tienen quien les haga el trabajo sucio: sus compadres ‘guerri’ o exguerrilleros que ponen sus peones de carne de cañón, mientras ellos se rascan las que sabemos. ¿Será que no hay nada qué hacer?

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