El Departamento número 33

Junio 12, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Se ha sabido que por el sistema del Fast Track se quiere aprobar la creación de un nuevo departamento en nuestro país.

Contará para empezar con 500 mil habitantes distribuidos en siete municipios con sus respectivos corregimientos y caseríos.

Su ubicación no podría ser distinta al territorio caucano en donde existen y subsisten miles de hectáreas sembradas en coca en donde además, están cohabitando los desmovilizados de las Farc, por una parte, y los inmovilizados del ELN, por otra, en un peligroso contubernio difícil de desmadejar.

Ahí estarán pues indígenas, afros y mulatos y uno que otro campesinito de cuyas tierras están siendo despojados, sin que exista autoridad y menos voluntad de hacerles respetar su derecho constitucional a la propiedad privada.

El tal nuevo departamento contará entonces no sólo con todos los privilegios que se le otorgan a quienes han luchado por muchos años para lograr el carácter de tal, sino que además contarán con las billonarias cifras que están amparando a los reinsertados del grupo guerrillero quienes mandarán en el gabinete departamental, los institutos y en todos los municipios con la consiguiente frondosa y enmermelada burocracia.

Será sin duda la primera toma democrática del poder por parte de la agrupación ex guerrillera que ahora será dueña y señora de este territorio.

No sé si fue en broma o en serio que hace algunos meses la senadora Paloma Valencia propuso que se dividiera el Cauca en dos departamentos: el uno de los mal llamados blancos y el otro el de las bien llamadas otras etnias, que son mayoría en esa región.

Ignoro también si lo que pudo ser una sátira o incluso un calambur se podrá volver una profética realidad, pero el hecho es que estamos frente a una de las tantas sorpresas que nos tiene deparado un proceso de paz, que si bien supimos donde empezó ignoramos donde va a terminar porque no nos engañemos: la post verdad está plagada de post mentiras y post engaños.

Conociendo a los políticos del Cauca, expertos como pocos en acomodarse y lactar del Estado, no será raro que sean muchos los que se le apunten a caer en una de las tantas trampas con que se sorprenderá a quienes de buena fe le dijeron Sí al plebiscito.

Y que no vengan a decir que soy enemigo de la paz y que quiero que vuelva la guerra, porque como dijo don Absalón, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

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Posdata:
Me parece gravísimo que se esté estudiando la posibilidad de implantar el pico y placa los sábados.

Ese es el día en que se utiliza el vehículo para asuntos personales y familiares, y más grave aún que a las motos nadie las toque. ¿Es justo esto último?

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