A levantarse de la mesa

A levantarse de la mesa

Enero 29, 2018 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Las recientes incursiones de la narcoguerrilla del ELN están demostrando que, lejos de querer la paz, lo que desean es seguir burlándose de un gobierno que les ha tendido la mano de manera honesta y transparente.

La disculpa de que no se haya renovado aún el cese al fuego bilateral, debido entre otras cosas a que el jefe negociador Juan Camilo Restrepo se mamó -y perdón por la expresión- de la doble moral de aquellos quienes le decían una cosa en la mesa de conversaciones del Ecuador y hacían a otra a todo lo largo y ancho de la geografía de Colombia, es una especie de justificación para seguir en su demencial racha de atentados asesinatos y secuestros.

Ante estas escaladas criminales, el Estado no puede seguir tolerando que le maten a sus soldados, policías y población civil y debe tomar una acción más enérgica distinta a los eternos consejos de seguridad y el desplazamiento de efectivos a los focos de violencia, que como se sabe siempre terminan en muchos titulares y cero resultados.

Es preciso entonces tomar el toro por los cuernos y de una vez por todas acabar con esa pantomima de Quito en la que el bla bla bla de la verborrea viene acompañada del ta ta ta de las ametralladoras y las granadas.

El recientemente nombrado jefe negociador con estos bandidos, el barranquillero y exvicepresidente de la República Gustavo Bell Peralta ha sido recibido con ‘bombas’ y platillos, y de ser esta agrupación guerrillera la responsable del cobarde atentando del pasado fin de semana en su ciudad natal -para no citar sino uno de los ‘hechos de paz’ de estos asesinos- la guerra está más viva que nunca.

De nuevo pues Colombia está en manos de los pocos militantes del ELN ahora enseñoreados por sus nuevos socios: los exfarc, los farcsantes, los narcotraficantes y hasta el cartel de Sinaloa, en alianza con grupúsculos indígenas y delincuentes comunes, que fungen de dueños y señores de los cada vez más extensos cultivos de coca, cuya erradicación ha sido inversamente proporcional al incremento de los mismos.

Así se nuble el panorama de la paz, así quedemos como un zapato con los organismos internacionales -entre otras instancias- a quienes les hemos vendido la idea de que en este país por fin y luego de 50 años nos llegó la tranquilidad de la concordia, es necesario no darle más vueltas al asunto ni menos disfrazar la cruda realidad: de nuevo estamos en guerra.

Mientras esto sucede y en medio del tropicalismo que nos caracteriza a los colombianos, se está evadiendo la verdad con supuestas bonanzas y buenas noticias que no son más que ‘consola-bobos’ frente a lo que es imposible seguir ocultando y maquillando. Y si a lo anterior le sumamos la actitud de Venezuela recibiendo a la guerrilla, “estamos hechos”.

Triste saberlo y comprobarlo pero esto ya no se arregla por las buenas. Infortunadamente hay que volver a la mano dura.

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