Un joven octogenario

Mayo 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El presidente de Uruguay José Mujica tiene un alma joven y una mente fresca y abierta, sincera. Su transparencia y convicción de quien de verdad sí pareciera ser un libro abierto, tan distinto a la mayoría de la gente del poder sumida en el cálculo y los tejemanejes, se reflejan en su pinta, en sus posturas y planteamientos públicos. En una entrevista que concedió para el canal de documentales @vice, a Krishna Andavoly, quien se fumó un cacho de marihuana mientras conversaba con él para dejar en claro que en Uruguay se puede hacer de frente, éste resumió en una frase la filosofía que lo anima a actuar como actúa: “La libertad está en la mente” y es esto lo que debe gobernar a los seres humanos. Por eso el Presidente uruguayo ha insistido en su esfuerzo como gobernante para hacer respetar la libertad individual, el libre desarrollo de la personalidad y el derecho a decidir, en tanto no le haga daño a nadie. Y ha sido capaz de ir lejos, muy lejos, como lo demostró con la Ley de regulación del consumo de la marihuana que pretende regular la cadena completa desde la producción, distribución y hasta el consumidor final. Con la Ley Mujica quiere a partir de la experiencia de su país, demostrar que el tema no está en la criminalización, en la penalización de un hábito que por lo demás podría tener bondades incluso terapéuticas. “Alguien tenía que ser el primero”, respondió cuando le preguntaron por su actitud tan decidida. Y lo hizo también para poner en evidencia el fracaso de la guerra contra las drogas que ha sembrado muerte, violencia y corrupción. Se ha pagado un alto precio en dinero, en vidas humanas y los efectos de la descomposición social en términos de valores es inmenso. Mujica es un convencido que la represión no es la vía.Ha ido abriendo camino en el difícil recorrido de cualquier pionero. El poder establecido no gusta de cambios ni innovaciones. En desarrollo de la Ley han empezado a crearse en Montevideo clubes de autocultivo con posibilidad de llegar hasta los 45 socios, algunas farmacias han empezado a vender los 40 gramos mensuales por persona permitidos y los viveros venden las pequeñas matas que pueden cultivar en las casas mientras no se exceda la media docena.Su pretensión es arrebatarle a la ilegalidad, a las mafias, el negocio, y va de la mano de campañas pedagógicas para desactivar las adicciones, una política de salud pública y la prohibición para conducir bajo los efectos de la cannabis. Está claro que la prohibición es la que ha asegurado la altísima rentabilidad del negocio de la droga y en el caso colombiano, se sabe que es el combustible de la guerra. Una regulación responsable sería el primer paso para transformar esta dinámica y esta es la apuesta de Mujica.En Colombia en vez de avanzar se ha retrocedido. Desde que la Corte Constitucional aprobó el consumo mínimo hace ya casi una década, el Congreso no ha sido capaz de moverse un centímetro hacia su reglamentación y las voces cavernarias que se oponen, no muchas e influyentes. Parece increíble que sea un hombre cercano a los 80 años quien haya logrado materializar esta polémica iniciativa en un mundo donde claramente es mucho más fácil prohibir que permitir actuar en libertad.

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