“Todos tenemos que morirnos, Santos, todos”

Noviembre 25, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Con esta frase el nuevo jefe de las Farc, 'Timoleón Jimenez', alias Timochenko, empieza la carta que le envió al presidente Santos a comienzos de la semana. No puedo negar que me impactó. El tono y la compuerta que abre para entender en algo ese inexplicable y extraño mundo de los que disparan, matan y se han hecho matar en estos largos años de violencia colombiana. Soy una defensora de la no-violencia en cualquiera de sus formas, quien no le encuentra ninguna justificación, provenga de donde provenga, pero también soy una obsesionada por entender la condición humana y sus móviles para actuar en la vida. Por eso me interesó la carta. Espero que atreverme a realizar una reflexión sobre ésta, sin prejuicios, no me coloque en el cadalso ni vaya más allá de lo que quiero decir.En los por lo menos 20 años que llevamos conociendo comunicaciones de las Farc desde las montañas de Colombia, primero colectivas y luego firmadas por los dos últimos comandantes, nunca se había visto un texto sin el encasillamiento propio de la retórica comunista y el fundamentalismo de las arengas contra el imperialismo y la oligarquía. Las ideologías han contaminado siempre la posibilidad de ir más allá de los clichés. Incluso en los tiempos del Caguán ningún comandante se atrevió a revelar las convicciones y emocionalidad de una gente que lleva 30, 40 años en el monte. Esto hace la diferencia y convierte esta carta en una pieza de comunicación eficaz: porque permite penetrar la complejidad, por perversa, equivocada y nociva, de esas mentes armadas. O al menos de la de 'Timochenko'. 'Timochenko' se refiere al Presidente como Santos, para colocarlo en el nivel de los mortales. Lo despoja metafóricamente del poder que le permite perseguirlos en la búsqueda por reducirlos definitivamente para construir la interlocución en el escenario inevitable de la muerte. Decidir entonces, cómo vivir y cómo morir, “es un asunto de conciencia”. Las Farc que describe Timochenko, en un intento incluso por victimizarlas, nada tiene que ver con la guerrilla que toda Colombia ha padecido, desprecia y odia. Busca no sólo inútilmente idealizar una lucha y unos móviles que pudieron tener alguna vigencia entre los guerrilleros históricos como Camilo Torres que muchos jóvenes como 'Timochenko' siguieron, pero que nada tiene que ver con la guerrilla contaminada por la degradación del tráfico de drogas y las inhumanas formas de ejercer violencia que los ha llevado a atacar a la gente humilde que dicen defender.'Timochenko' no parece estar aferrado a ideas sino a una opción de vida. Que además no tiene reversa. Para algunos detrás de la carta está la súplica de un hombre acorralado, No lo creo. Es más, el texto tiene la fuerza de un suicida a quien ya nada lo detiene, cuya suerte está echada y que actúa consecuente con su visión del mundo. Se desprende de esta misiva, que estaríamos frente a un comandante con un talante distinto, del que se esperarían unas directrices también diferentes. Unas directrices con algo de la humanidad que pregona y que lo remonta a lo profundo de la lucha de los cristianos en los tiempos de las catatumbas. Por esto, si la carta concluye diciendo “Así no Santos”, los colombianos podríamos responderle: “Así no 'Timochenko', así no”.

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