“Tengo cáncer”

“Tengo cáncer”

Abril 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Difícil una narración más valiente que la que logra María Cristina Restrepo en su relato testimonial: ‘El miedo, crónica de un cáncer’. Describe al detalle, sin tapujos, sin disimulo ni eufemismos ese tránsito terrible que empieza con el diagnóstico, viene luego la aceptación y el tratamiento de esa peste de nuestro tiempo que se llama cáncer. He oído narrar muchas veces, muchas más de las que hubiera querido, en la voz de amigas esa difícil experiencia que se deriva del instante en que el médico o la médica, algunas veces con consideración y humanidad, y otras, con una crudeza inaudita, confirman el diagnóstico. A través de una escueta llamada telefónica. Pero María Cristina Restrepo logra una precisión única cuando se sumerge, en su doble rol de escritora y paciente, en su propia historia. “La puerta del consultorio de la izquierda se abre y aparece un médico delgado, de cuello largo, manos de pianista y pelo entrecano. La bata blanca le cuelga en amplias pliegues sobre el cuerpo de líneas alargadas. Lo miro con hostilidad. Siento la desconfianza que me despiertan los de su profesión. Los que ya no recetan por teléfono ni van a visitar a los pacientes a la casa, los que necesitan un sinfín de exámenes de laboratorio para diagnosticar un resfriado. Los que ostentan esa autoridad que tanto me incomoda. (…) -Es un carcinoma, me dice por el teléfono. Ahora sólo hay quietud. El tiempo parece haberse detenido. Conversamos un par de minutos más. El médico asegura que se hará lo necesario para solucionar el problema. La secretaria del oncólogo me va a llamar. (…) Tan pronto se vayan los invitados, entraré a Google. Ante mí se abre un camino que me llevará por lugares de dolor y de angustia, un camino que debo aprender a recorrer. Me prometo hacerlo sola, sin culpar a nadie, ni despertar conmiseración. Así será más fácil. La palabra muerte pasa a ser la representación de algo real, no de una eventualidad que ocurrirá en el futuro. Tengo cáncer”. Impacta el tono de este libro porque rompe tabúes. El tabú mayor en nuestra sociedad: el de la enfermedad. Que equivale a fragilidad, vulnerabilidad, casi que a vergüenza social. El enfermo se siente culpable de estar enfermo y le endosa su vida al médico, quien en la misma lógica asume un distante rol autoritario, con el que hace todo mucho más difícil. María Cristina no le teme a reconocer los sentimientos, pero, sobre todo, a nombrarlos, sin pudor. Esa desnudez inerme, casi humillante, cubierta por una bata azul o verde, a la espera de escuchar el nombre para comenzar el recorrido por máquinas de diagnósticos, rayos X, scanners, mamografías, tacs, de consultorio en consultorio, en manos de enfermeras automatizadas a quienes no las conmueve ni una lágrima ni la angustia de los desolados pacientes. El libro de María Cristina Restrepo, publicado bellamente por la pequeña editorial Luna Libros, termina siendo una protesta sin retórica contra la manera de ejercer la medicina en nuestros tiempos y que todos padecemos sin atenuantes.Confirma algo que se intuye. Más que la enfermedad misma, lo más aterrador es aquello que la rodea: la zozobra, las esperas, la especulación, el exceso de información, las alarmas, en una palabra: el miedo.

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