‘Tate quieto’ al procurador Ordóñez

Septiembre 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Los palos en la rueda que obcecadamente ha intentado el procurador Alejandro Ordóñez ponerle a la implementación obligatoria de la sentencia de la Corte Constitucional del 2008, que les permite a las mujeres interrumpir voluntariamente el embarazo en casos en que éste haya sido producto de una violación, la malformación del feto o el riesgo de la vida de la madre son asunto del pasado. Antes de dejar su silla en la Corte, el magistrado Humberto Sierra Porto le exigió a Ordóñez que modifique su posición y deje en claro que la píldora del día después no es abortiva y que un médico, puede negarse a practicar un aborto pero no el hospital completo. Es más, que no puede confundir con sus afirmaciones y por el contrario el derecho constitucional que tienen las mujeres a abortar si se dan las tres circunstancias anteriormente descritas deberá divulgarse ampliamente. En buena hora el magistrado Porto, el mismo de la ponencia que abrió la puerta para tumbar la reforma constitucional para la segunda reelección de Álvaro Uribe, le pegó el tirón de orejas al Procurador cuyo poder es cada día mayor. Porque no hay derecho a que se sigan gobernando en el país posiciones tan oscurantistas e irrespetuosas frente a los derechos individuales de la mujer. La columnista Fanny Kertzman narró en una columna en el portal www.kienyke.com, las circunstancias de su vida que la llevaron a abortar voluntariamente y que confirman lo justa de la sentencia de la Corte Constitucional. Cuenta Fanny: “Mi primer embarazo fue de mellizas que murieron en el útero a los cinco meses de la concepción. El médico tenía que provocarme un aborto al darse cuenta de la situación por medio de un ultrasonido. Cuando llegué a la Clínica del Rosario en Medellín, manejada por monjas, se negaron en un principio a hacer el procedimiento, arriesgando mi vida ante una septicemia, cargando dos muertas en mi vientre.Mi segundo embarazo fue aún más dramático. Sin saber todavía que estaba preñada, con una falta de diez días, me salió un sarpullido en todo el cuerpo. El diagnóstico del médico fue varicela. Tenía que hacerme un aborto porque el bebé iba a nacer sordo, ciego y retrasado mental. En la pacata Medellín de principios de los 80 no había cómo hacer el procedimiento, por lo que viajé a Bogotá a hacerme un aborto en una clínica clandestina, donde el aborto se hizo sin anestesia y de una manera tan burda que en Medellín me empecé a desangrar hasta que me hicieron un raspado completo, esta vez en una clínica diferente para no tener otro enfrentamiento contra las monjas. Según el Procurador soy una pecadora irredenta (...)”. Y concluye: “¿Por qué el Procurador se arroga el derecho a decidir nuestro destino y nuestra salud?”.Y en efecto la cruzada del Procurador Ordoñez, moralizante y fanática en muchos casos. trasciende sus competencias, al punto de intentar intimidar a aquellos médicos e instituciones que estaban en la obligación de antender a aquellas mujeres para quien el aborto se convierte en un asunto de supervivencia. Se espera que en su segundo tiempo, ahora que está adportas de su reelección sepa separar sus convicciones religiosas del ejercicio de su trabajo público. Zapatero a sus zapatos.

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