Tapando el sol con las manos

Agosto 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Con su característico afán mediático Juan Manuel Santos quiso aplazar una decisión cantada: la necesidad de realizar un cambio ministerial. Ninguna de las locomotoras está marchando. El ajuste lo ha debido anunciar el 7 de Agosto, pero para no hacerle el eco a la inocultable crisis de la que se hablaba colectivamente, prefirió aplazarlo para que apareciera como iniciativa propia.Las cosas no salen como las planeó. Y los titulares de prensa se desvanecen como todo anuncio mediático. El nacimiento de las nuevas Agencias ha generado una parálisis burocrática que antes que ayudar a aceitar el engranaje ha atascado la ejecución. Santos necesita un segundo aire para ver si logra despegar. No pareciera tener claridad sobre el rumbo, afanoso y sin el apoyo político unánime la coalición de gobierno en el Congreso, que vaya a tomar. Porque este es un hombre al que los hechos lo empujan, quien gobierna regido por los afanes del momento y no por las convicciones, razón por la cual puede tirar para cualquier lado.Un acuerdo de paz con Timochenko parece ser la nueva urgencia. Un tema, el de la paz, que no puede estar sometido a los vaivenes de la coyuntura. Porque con el estilo que caracteriza a Santos, éste puede terminar banalizado con la misma superficialidad con la que ha manipulado cifras de hectáreas de restitución de tierra, o numero de víctimas reparadas, o casas gratis por construir, para arrancarle el aplauso a las tribunas. No estamos ante un gobernante con principios sino ante uno que aprovecha las oportunidades y se acomoda. Dispuesto a remar con la corriente favorable que lo conduzca a la cima de la vanidad de favorabilidad en las encuestas que se traducirá en reelección.Su capacidad de acomodo para hacerle el quite a la adversidad se vio en el pasado Encuentro de Confecámaras donde afirmó “si no existieran los medios, no existiría el terrorismo”. Según el Presidente, la prensa magnifica los ataques guerrilleros y por ello acaba manipulada y termina dándole notoriedad a sus acciones. Quiso tapar el sol con las manos, como intentó hacerlo con la crisis que atraviesa su gobierno, a costa de descalificar el oficio al que le debe su trasegar político.Juan Manuel Santos se debe al periodismo. Si no es por éste nunca habría sido Presidente. Su cercanía con el poder, desde la cuna, no ha sido fortuito. Se debe a que su familia, durante tres generaciones y hasta hace sólo dos años, fue la propietaria del periódico más influyente de Colombia. Y lo aprovechó. Su cargo de subdirector de El Tiempo le sirvió para mutar a la política, y en medio de una polémica familiar, llegar al Ministerio de comercio exterior con César Gaviria. Por eso Santos sabe mejor que nadie que la realidad siempre es más poderosa que la comunicación y que al final los hechos son tozudos y se imponen.Su afirmación no tuvo propósito distinto que el de confundir. Santos está incómodo con algunos medios y como sucede siempre con la gente del poder, prefiere dispararle al mensajero, al portador de las malas noticias, antes que aceptar sus errores. El viraje hacia la negociación con la guerrilla es de alto riesgo. Y lo malo es que puede durar solo hasta la próxima encuesta.

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