Tanta muerte inútil

Mayo 31, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Después de varios meses y de ajustes en el equipo negociador de las Farc se logró un primer acuerdo en el primer punto de los cinco grandes temas que conforma la Agenda de negociación con la guerrilla: la tierra y el desarrollo rural. Con razón se escogió este punto para iniciar el arduo trabajo de lograr firmar la paz después de 60 años de conflicto. El tema de la tierra está en la génesis de la violencia colombiana: su tenencia, la manera violenta como se han invadido predios y despojados otros, el precario apoyo durante sucesivos gobiernos a los campesinos para que puedan contar con formas dignas de vida, la escasa inversión en infraestructura, en vivienda rural, el abandono total de extensos territorios alejados de las ciudades capitales, en fin, la vida rural colombiana ha sido un elemento de tensión, de dificultades y no de armonía. Las Farc surgieron del conflicto agrario. De allí que para esta guerrilla iniciar los diálogos con este tema adquiría un especial sentido. Sin conocerse los detalles que permitirán aterrizar los enunciados generales que se conocieron vía el comunicado conjunto de guerrilla y gobierno, todo apunta a que se logrará la puesta en marcha, ahora sí en serio, de la locomotora agrícola. Pero no entendida solamente desde el punto de vista productivo sino como la de los ajustes obligatorios que se requieren para el desarrollo agrícola y que Colombia lleva décadas aplazando. Los compromisos firmados en La Habana hacen referencia al acceso a los servicios básicos, a la salud, a una vivienda digna, a la educación de las familias rurales. En el tono se ve un cambio por parte de las Farc que también muestran una mayor racionalidad y comprensión de los cambios que se han dado en el país. Ya no se habla de reforma agraria como reparto simple de tierras sino de una reforma rural integral que incluya tierra, producción y consumo, desarrollo social campesino y protección del medio ambiente, con un enfoque territorial donde las comunidades y su entorno cuenten; donde más que la extensión de las propiedades importa la manera como la tierra se ha aprovechado para la producción y por esto ya no se habla de latifundios sino de tierras improductivas. En el Acuerdo se privilegia la asociación de los pequeños agricultores en un esquema de economía solidaria y cooperativa; se estimula la producción de alimentos con la esperanza de lograr un país sin hambre y las tierras con vocación agrícola entrarán a formar parte de un fondo de tierras para repartir de acuerdo a las necesidades. Un conjunto de medidas que comprometen a la sociedad colombiana en su conjunto y no solo al desvencijado Ministerio de Agricultura. Reformas que se han podido lograr sin la presión de las armas y que forman parte de la agenda de cualquier país decente. Es lamentable y triste que para encontrar esta senda se hubiera tenido que derramar tanta sangre, enterrar tanta gente, padecer tanto sufrimiento e invertir billonarios presupuestos en armas y hombres para combatir a una guerrilla que finalmente parecen estar dispuesta a llegar a una negociación. ¡Qué camino tan largo, qué muertes tan inútiles!

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