Se acabó el recreo

Febrero 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Las grúas y los guardas de tránsito de Cali están más activos que nunca. Se nota la mano dura de autoridad que quiere implantar el secretario de movilidad Alberto Hadad quien ha resuelto trasladar las oficinas del Tránsito a la calle. Su trabajo se ve y la ciudadanía lo percibe positivamente como si hubiera llegado la decisión de frenar los abusos en la ciudad. El respeto por el espacio público parece que finalmente, a punta de garrote y no de paciente pedagogía, está entrando en la agenda ciudadana de los caleños. Vías arterias en las que los carriles quedaban inhabilitados por cuenta de las filas de carros parqueados a los lados han sido demarcadas en tiempo récord con el signo del prohibido, con lo cual los guardas de tránsito podrán actuar y recoger vehículos mal estacionados. Vías tan congestionadas como la Carrera 15, cuyos andenes habían sido tomados por los talleres de motos y almacenes de repuestos fueron despejadas para que los peatones pudieran volver a caminarlas. El tiempo que tomaba el recorrido del trayecto obligatorio para trasladarse hacia el sur de la ciudad se ha reducido de manera significativa gracias a la intervención de los guardas de tránsito que intervienen en las horas pico. Se pueden hacer caricaturas burlescas sobre la presencia del secretario Hadad en las calles de la ciudad, pero lo cierto es que actitud ha tenido unos efectos importantes. Sorprende cómo en tan poco tiempo, le ha logrado impregnar a sus subalternos mística y compromiso. Sentido de responsabilidad para que ejerzan autoridad e impongan las normas sin excepción alguna. Gobernar es también comunicar, hecho que la mayoría de gobernantes olvidan. Y una comunicación efectiva trasciende las declaraciones oficiales porque cuando se trata de transmitir los hechos resultan mejores que las palabras, como lo ha demostrado el Secretario de movilidad. Su mensaje es claro: se acabo el recreo. Si, se acabó el recreo. Llegó la hora de respetar a los peatones, el derecho a contar con andenes despejados que hagan de Cali una ciudad más amable. Una consigna que debería extenderse a muchos frentes de la vida cotidiana. Así debía entenderse a la hora de actuar de cara a los vendedores ambulantes que tienen tomado el centro de la ciudad. En una actitud populista las administraciones anteriores se dejaron doblegar por el falso argumento de la defensa del derecho al trabajo y toleraron la multiplicación exponencial de vendedores en andenes y plazas, cuando son muchas las alternativas que existen para su reubicación en centros comerciales populares como una alternativa para ellos en armonía con la ciudad. Se debía acabar el recreo de los contratistas incumplidos. Le llegó la hora al Secretario de Obras de ponerlos en cintura y responder por los atrasos o la mala calidad en la obra pública. Igual que con el recaudo tributario. La administración, sin tanto recelo y precaución debía dar por concluido el contrato que firmó en un acto de desvergüenza, el alcalde Apolinar Salcedo con la firma Sicali en el 2005 y que le costó su destitución dos años después. ¡Se acabó el recreo! Debía ser sin duda la consigna generalizada de la nueva administración que tiene tanto oficio en su propósito de poner la casa en orden.

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