Quien canta, su mal espanta

Quien canta, su mal espanta

Febrero 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Nadie puede olvidar el impresionante concierto en catalán de Joan Manuel Serrat en Barcelona, cuando en los últimos estertores del franquismo el canta-autor español se atrevió a cantar en catalán. Era un desafío. En un momento se apagaron las luces del escenario y los asistentes prendieron fósforos. Este fue sólo uno de los muchos actos de resistencia en defensa de la libertad a los que convocó Serrat, un mensaje que logró a través de sus canciones llegar al corazón latinoamericano y convertirse en el símbolo de varias generaciones ya.La Universidad Complutense de Madrid le acaba de otorgar el doctorado Honoris Causa. En un hermoso y valiente discurso Serrat explica precisamente el significado que para él tienen la libertad y la justicia, dos derechos cada vez más esquivos en estos tiempos. Lo pongo en sus palabras: “El hombre, al defender los valores democráticos, al enfrentarse a la discriminación y la intolerancia, al defender la riqueza del pensamiento libre y plural, no hace otra cosa que actuar en defensa propia.Reivindico valores como la libertad y la justicia como un algo único, pues no hay libertad sin justicia, ni justicia sin libertad. Lo hago frente a la preponderancia aplastante del dinero, valor supremo por el que se miden y se valoran las cosas y las gentes. Reivindico la justicia y la libertad, porque reivindico la vida. Reivindico a la humanidad en su sentido más amplio. Reivindico a los humanos y a la naturaleza, que nos acoge y de la que formamos parte.Reivindico el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas, más ricas y positivas, y siempre en paz. Y sobre todo, como un derecho que todo lo condiciona. Reivindico el conocimiento como el pilar fundamental que nos sustenta y que nos caracteriza positivamente como especie. Que esto sea digno de reconocimiento es algo que debería hacernos reflexionar acerca del mundo en que vivimos y de los valores que lo mueven.Como decía el profesor Casares, cuando hablamos del canto y de quien lo practica hablamos de un arte que ha vertebrado la sociedad. Yo escribo canciones para expresarme, pero también para comunicarme. Los argumentos de mis canciones están en mí, pero también están alrededor de mí. Son lo que yo siento, pero también son lo que me cuentan los demás. Son lo que yo soy, pero también lo que me gustaría ser. Son mi realidad, pero también mi fantasía.Las canciones viven en la memoria personal y colectiva de las gentes. Las canciones viajan y nos transportan a tiempos y lugares donde tal vez fuimos felices. Todo momento tiene una banda sonora y todos tenemos nuestra canción, esa canción que se hilvana en la entretela del alma y que uno acaba amando como se ama a sí mismo.Dice el refrán que ‘quien canta, su mal espanta’. Y es cierto. Cantando compartes lo que amas y te enfrentas a lo que te incomoda. Conjuras los demonios y conviertes sueños en modestas realidades. Yo canto por el gusto de cantar. Cantar me da placer. Por eso, para mí, tener el oficio de cantar es un privilegio”. Un privilegio para construir puentes y transmitir valores con belleza y poesía. Con convicción. Por eso se merece este homenaje y muchos más y por eso le he cedido la palabra. ¡Viva Serrat. Viva la libertad!

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