Puñalada al corazón verde

Puñalada al corazón verde

Junio 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La codicia sin límites ni regulación reventó el sistema financiero mundial. La historia de la debacle de Wall Street ocasionada por la desmesura de los banqueros es de sobra conocida. La codicia, igualmente, generó el desastre ecológico en el Golfo de México, el mayor causado por la acción humana del que se tenga noticia. Y todo por cuenta de la irresponsabilidad de los directivos y técnicos de la BP que en su afán por conseguir más petróleo, rápido y al menor costo posible, adelantó excavaciones a más de 1.600 metros de profundidad, sin tener la seguridad tecnológica para ello. La codicia acaba de enterrar 70 mineros del carbón en Amagá por fallas de Carbones San Fernando en el control del mortal gas metano en el socavón. La codicia se expresa como corrupción en la contratación pública, cuando se incumplen las condiciones pactadas, se utilizan materiales diferentes a los acordados o se redireccionan los anticipos hacia otros trabajos o inversiones como sucedió con el Grupo Nule, para citar el último de los casos conocidos.El común denominador es la búsqueda desenfrenada de mayores utilidades con la menor inversión, que implica ahorros en la seguridad industrial, descuido en los controles aprovechando la debilidad estatal a la hora de proteger el interés público sobre el de los particulares. Urge una reforma a fondo y realista de las normas de contratación existente en el país para cerrarles el camino a los carteles de contratistas. Hoy es necesario reconocer el riesgo existente -el natural y el generado por la acción humana-, como un elemento de la vida diaria en sociedades y economías complejas y densamente pobladas como las actuales. Ya se sabe que los recursos naturales son limitados y por ello su utilización debe ser regulada y supervisada juiciosamente.En el caso de Colombia, un país con una clara y creciente vocación minera que cada día involucra a nuevos actores y exige contratos y tecnologías más complejas y sofisticadas, el tema ambiental con sus exigencias y controles debe ser asumido plena y seriamente, antes de que sea tarde. Es fuerte el campanazo dado por la catástrofe del Golfo de México y todo lo que de ella se desprende sobre la extracción de combustibles como el petróleo o el gas; sobre la búsqueda de nuevos y el uso más racional, más ‘sostenible’, de bienes como el agua y los alimentos como crecientemente escasos. Una catástrofe, la del Golfo de México, prendió todas las alarmas sobre el tema y puso al presidente Obama a liderar nuevamente una agenda verde que, por la reforma de la salud, había aplazado a pesar de ser una de sus principales propuestas de campaña. Plantea la necesidad de un gran esfuerzo en investigación en temas de energía y producción verde, en desarrollar construcciones ahorradoras de energía, en la fabricación de nuevos vehículos (ligado al apoyo a los fabricantes que recibieron apoyo financiero estatal), en fin, de la creación de empleos ‘verdes’. Se abre el camino para aprovechar la nueva la racionalidad ecológica y ambiental como fuente de nuevos negocios. Colombia puede ser verde y por consiguiente no debe aislarse de esta dinámica de cambio. Aunque los candidatos presidenciales no hayan dicho ni pío.

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