Proceso de paz con pies de barro

Proceso de paz con pies de barro

Febrero 25, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Poco a poco se destapan las inconsistencias y las farsas de las desmovilizaciones de los grupos paramilitares. Lo confirma la realidad de una violencia con sus asombrosos datos de inseguridad urbana y rural que se empiezan a conocer. Los que matan, roban ganado y secuestran hoy, son en su mayoría delincuentes comunes que bebieron de las aguas de los paramilitares, se desmovilizaron con ellos, con lo cual evadieron la Justicia, y ahora conforman las temibles e incontenibles Bacrim (Bandas criminales emergentes). El afán mediático y la necesidad de validar una política y un gobernante, a cualquier precio, llevó a extralimitarse en las herramientas que se emplearon para lograr los fines. Se premiaron desertores y colaboradores -despreciable especie la de los sapos hasta para el reino animal-; se emitieron señales equivocadas sobre los valores que deben estar a la base de cualquier sociedad democrática para terminar estimulando el todo vale como medio para conseguir resultados con engaños, mentiras, trampas, compra-venta de conciencias. Se va conociendo que el ex presidente Uribe y el ex Comisionado de Paz decidían los nombres de quienes terminaban incluidos en el proceso de paz. La decisión se traducía en gabelas en términos de beneficios frente al tratamiento de la Justicia y los delitos por los cuales debían responder. Ciertamente se colaron muchos o se permitió la entrada, por razones que aún están por develarse, de personajes como los narcotraficantes ‘Tuso’ Sierra, ‘Gordo Lindo’, ‘los mellizos’, Cuco Vanoy quienes están contando todo en sus versiones ante la Corte Suprema de Justicia. Han revelado que muchos pagaron por el ropaje político con el que lograron evitar ser juzgados por sus delitos comunes o por su condición de narcotraficantes, que los condujo finalmente a la extradición a los Estados Unidos. Sus bandas criminales han mutado y delinquen a sus anchas en las mismas zonas donde se desmovilizaron. Operan como delincuencia común y, según los documentos de WikiLeaks que publicó El Espectador, el gobierno de Uribe estaba al corriente del fenómeno que crecía, amenazante. Y qué decir de la farsa de los gestores de paz. La guerrillera Karina pasó de ser un monstruo del mal que cualquier sociedad despreciaría, a un personaje aclamado por el propio Gobierno, convertida en una señora de pantalones, tacones, cepillada en la peluquería que se le ve no sólo en las calles de Apartadó, las mismas donde sembró muerte y miedo, sino que vive protegida por el Ejército que ella combatió a sangre y fuego, en la Brigada XVII en Carepa, Antioquia. Igual sucedió con Olivo Saldaña, el guerrillero de las Farc también premiado como gestor de paz por haber propiciado la desmovilización del bloque Cacica Gaitana que, por lo que se ha sabido, no ha sido más que una grave pantomima, por la que la Fiscalía le ha iniciado investigación al ex comisionado Luis Carlos Restrepo. Los trazos reales de esta historia seguirán seguramente apareciendo en futuros WikiLeaks, filtraciones o declaraciones juramentadas con lo cual el andamiaje de un proceso de paz que parecía modelo, caerá. Tapar la realidad nunca ha sido un buen consejo y la verdad termina, tarde o temprano, por conocerse.

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