Por qué no se callan

Abril 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

“Las parejas del mismo sexo deben tener el derecho al matrimonio civil. Nuestro paso por este mundo, nuestro tiempo en la tierra es corto y los políticos ni el Estado tiene por qué interponerse entre el afecto o el amor que se tienen dos seres humanos, no importa su condición sexual”, con estas palabras el senador republicano Mark Kirk, por el Estado de Illinois, cambió su postura y en contravía a la bancada de su partido apoyó la legalización del matrimonio gay en Estados Unidos, para que este sea una opción nacional y no estatal. Kirk se paró de la cama después de un derrame cerebral que lo tuvo entre la vida y la muerte, para apoyar la polémica iniciativa y unirse al voto de otro republicano, Rob Portman, con los cuales lograron afectar la balanza política.El influyente senador Portman que llegó a ser considerado por el Partido Republicano como fórmula presidencial de Mitt Romney, advirtió que estaba dispuesto a defender en el debate público su posición y reconoció que su hijo Will era gay y que respetaba profundamente su opción de vida. El muchacho había escrito un editorial en el periódico de Yale, su universidad, en el que relató las dolorosas dificultades que atraviesan las personas cuando deciden asumir públicamente una opción sexual distinta, que para muchos resulta vergonzante, genera burla y padece la exclusión. Sin embargo reconoce que al final del día es preferible vivir con honestidad que sostener una farsa para ser aceptados socialmente. Que bueno sería ver en el debate del Congreso colombiano algo de sinceridad que permita referirse sin tapujos y con respeto a estas realidades humanas, sin ‘pontificar’ desde la ignorancia. Reflexiones de este tipo, exentas de cálculo político y de cualquier fanatismo dogmático, incluido el religioso, permitiría una aproximación distinta al polémico tema. Podrían iluminar a los ‘padres de la Patria’, criollos, quienes intentan legislar sobre las opciones íntimas como son la libertad sexual y también el derecho de las mujeres a abortar, que deberían ser del resorte individual de cada quien. ¿Por qué el Estado se entromete en la vida privada de las personas para regular decisiones tan íntimas como el matrimonio entre parejas del mismo sexo, cuando la Constitución colombiana respeta el libre desarrollo de la personalidad? ¿Qué hacen los políticos intentando atravesarse por la vía legislativa, a la sentencia de la Corte Constitucional que, con ponencia del magistrado caleño Juan Carlos Henao, ordenó incluso que si el 20 de junio del 2013 el Congreso no ha legislado para tratar de eliminar el déficit de protección que afecta a las mencionadas parejas, estas podrán acudir ante notario o juez competente a formalizar su vínculo contractual? ¿Qué hace el procurador Ordóñez contaminando y salpicando de dogmatismo las interpretaciones jurídicas, que debían ser en derecho, independientes de sus convicciones personales? El sartal de barbaridades que se escuchan a diario cuando desde las cavernas resuenan voces que se atreven a tildar a los homosexuales de seres “raros”, “anormales”, “contra-natura”, simplemente dan vergüenza y son inaceptables. ¿Por qué no se callan, y dejan vivir en paz? Con libertad y respeto.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad