¿Por qué la literatura conmueve?

Enero 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Hace unos meses la despedida fue para Álvaro Mutis. También en México. En la misma ciudad donde en la tarde del domingo murió, para mí tal vez el más grande poeta latinoamericano: José Emilio Pacheco. Y con él la potencia de sus versos. Las lúcidas palabras con las que se defendía de su timidez, de su malestar con las genuflexiones y el poder. Recibió el Premio Cervantes con la discreción de siempre y con su asombro infantil: “La memoria inventa lo que evoca y la imaginación ilumina la densa cotidianidad”, un ejercicio que hacía a diario, porque la cotidianidad, como a casi todos, le aburría. Su vida fue una batalla contra el desierto como titula la novela corta que escribió con el corto aliento que le daba la prosa. Cuando pienso en él y en tantos escritores que nos acompañan con sus palabras, su creación, su capacidad para construir personajes, para narrar, para evocar, para hacer volar la imaginación de los lectores, me pregunto: ¿Qué tiene la literatura que conmueve? ¿Qué reúne a oír, a escuchar a los escritores, como ocurre en el Hay Festival que comienza en Cartagena? José Emilio Pacheco contaba que a los seis años descubrió que hay otra realidad llamada ficción. Y descubrió también “mi habla, la de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza”. Y la llevó a los límites de sus posibilidades con musicalidad y fuerza. Como pocos con el español contemporáneo.Logró, como los grandes escritores, hacer de la historia puntual el pretexto para lograr la universalidad que le permite conmover la mente y el corazón de otros. Crear mundos propios, como si las palabras fueran agudos cinceles capaces de desnudar la pasión humana con todos sus ingredientes de odio, celos, traición, mentiras, crueldad, amor.De esa combinación resulta la literatura y la conversación alrededor de los libros, a las que convocan el Hay Festival y otros certámenes en los que la palabra se vuelve espectáculo. Los escritores se han acercado al mundo con una intuición que luego transforman. Ellos han pasado varias pruebas. La prueba de haber entrado en contacto consigo mismos, con sentimientos profundos, con emociones que la mayoría de la gente quisiera borrar, olvidar. La prueba de soportar la angustia de la página en blanco que antecede a ese ejercicio solitario y drástico de bucear internamente para revelar sentimientos, miedos, fantasmas.Sin duda son ellos personas distintas. Extrañas, que se pasan los días encerrados en un cuarto, con un lápiz o frente a una máquina de escribir o un computador hasta construir un mundo nuevo con palabras. Son jornadas largas de incomunicación, de paradas a fumar, a mirar por la ventana, de observar, como describe Orhan Pamuk. “Porque se trata de ir, con paciencia dentro de sí para sacar con pinzas y darle forma a través de las sílabas y las oraciones a momentos con los que los seres humanos pueden identificarse en cualquier lugar del mundo. El secreto no está en la inspiración -pues no se sabe con claridad su procedencia-, todo se lo debo a la terquedad, a la paciencia. Como si se tratara de cavar un pozo con una aguja, dice el nobel turco”.Creo en la literatura como el tesoro más valioso acumulado por la humanidad en su búsqueda por entenderse. De allí que asombre, que abrume, que conmueva, que nunca muera.

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