Políticos: ¡Chao!

Junio 08, 2017 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

El paro cívico en Buenaventura, el puerto más importante de Colombia, es un ejemplo del rumbo que van a tomar los conflictos sociales y la manera como el Estado los va a tener que enfrentar y encontrarles solución. Los pobladores de las regiones más pobres, ahogados por problemas, dificultades y urgencias empiezan a reaccionar con firmeza y a no tranzarse con palabras ni las promesas desgastadas y mentirosas de los gobernantes.

Hace cuarenta años se decretó el primer paro de Buenaventura para pedir lo mismo que hoy. Esta vez se hartaron y la respuesta al rato que les dio el gobierno, arrogante y centralista, fue el de la dignidad. Le exigieron respeto por su condición humana. Sesenta organizaciones de base, con la iglesia y el padre Reina en primera línea, conformaron un comité de negociación que se mantuvo unido en medio de la adversidad. No permitieron que el diálogo se diera a puerta cerrada y gracias a las ventajas de la era digital, no hubo espacio para trampas ni triquiñuelas. Las reuniones se transmitieron en vivo y en directo por las redes sociales, a través de varios portales de internet e inclusive, por el canal de televisión local. Como si se tratara de un reality la gente reunida en lugares públicos alrededor del hotel Cosmos siguió el desarrollo de los acuerdos para asegurarse que los negociadores cumplieran con los compromisos adquiridos. Se trazó una línea de mínimos de la que no se movieron. El obispo de Cali, monseñor Monsalve, Todd Howland de la ONU y el procurador Fernando Carrillo apoyaron a los líderes locales y jugaron un papel relevante frente a una debilitada delegación gubernamental.

El poderoso sector empresarial representado por los empleados directivos de los distintos puertos privados mostró el cobre. No era la primera vez que dejaban ver su visión chata y cortoplacista que con mezquindad ve el negocio portuario como una isla aparte, protegido por rejas y candados que trata las necesidades de Buenaventura con una avaricia inaudita. Reparten con paternalismo migajas, una actitud que finalmente tiene irritada a la gente. Con la mirada chata de gerentes cuidando patrimonio ajeno, acudieron en el desespero de las pérdidas por la inmovilidad de la carga, a presionar hasta obtener de la Policía Nacional el traslado del Esmad a las calles del puerto, una fuerza de choque agresiva que finalmente prendió la mecha y por poco desborda la protesta de mala manera. Los empresarios del puerto siguen sin entender que si el barrio, es decir la ciudad está bien serán ellos los primeros beneficiados de este millonario negocio que tendrá, por cuenta de la negociación, y que deberá dejarle al recién creado fondo autónomo para el desarrollo de Buenaventura una buena parte de los réditos que se le trasladan anualmente a la nación.

La lección fue clara. La gente ya no quiere intermediarios; no quiere saber de políticos o gobernantes flojos y corruptos. Han aprendido de la negociación directa desde la base y de cara al poder central y a punta de movilizaciones pacíficas y redes sociales han conseguido ser oídos. No comen cuento porque han entendido que en Colombia, poner conejo e incumplir está en el ADN y no se cuestiona ni sanciona socialmente y por el contrario se tolera. Han aprendido a decir: ¡Políticos chao!, que el turno nos tocó a nosotros.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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