Pepe Mujica, la excepción

Febrero 17, 2017 - 07:05 p.m. Por: María Elvira Bonilla

El único presidente latinoamericano que no pudo ser enredado por la máquina de corrupción de Oberbrecht fue Pepe Mujica, el expresidente de Uruguay. Por una razón simple: porque entiende el poder como un ejercicio de servicio hacia los demás, con toda su dimensión ética y no como una oportunidad de aprovechamiento personal y de los amigos y aliados que lo rodean.

Colombia no se salva del tsunami de Odebrecht. Los dos últimos presidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos con reelecciones incluidas –claves para el ‘tapen-tapen’- están señalados de haber recibido millonarias coimas para otorgar contratos en sus gobiernos. En el caso de Santos, la adición de la Ruta del Sol Ocaña-Gamarra pasó por el Consejo de Ministros presidido por el propio Presidente; difícilmente se cree que la coima de USD 6.5 millones que recibió el viceministro Gabriel García haya sido de su exclusivo resorte, y menos en un gobierno con un poder tan centralizado como el de Uribe.
Aunque la verdad, los ciudadanos estamos preparados para la disculpa presidencial conocida: Todo sucedió a sus espaldas.

La procuraduría del Brasil citó el pasado miércoles a representantes de todos los países de América Latina, con la única excepción del Uruguay, a aportar información sobre el reparto en sobornos de USD 788 millones de Odebrecht. La justicia carioca cuenta con las pruebas que han ido aportando 77 directivos quienes están colaborando para obtener rebaja de penas. A la reunión asistió el fiscal Martínez y los magistrados Carlos Camargo y Ángela Hernández, encargados de la investigación de las campañas de Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos, respectivamente.

Pero Odebrecht no es la excepción en la práctica corruptora de los sobornos como medio para obtener contratos. La contratación pública en Colombia está contaminada, solo que los cómplices no han empezado a contar. Más de un contratista y funcionario debe estar con el peso de la conciencia encima, acosado por las pesadillas y la intranquilidad. Se espera eso sí, que este escándalo no solo sacuda la cobardía sino que sea un campanazo y más allá del temor a la justicia, prospere una reflexión ética, inspirada en el expresidente Pepe Mujica.

Sí, solo él sacó la cara por un continente ahogado por la pobreza y la desigualdad, y no cayó en la tentación de la codicia. Como le ocurrió con unos farsantes cobijados en el discurso de la justicia social como Luis Inácio Lula que arrastró la cúpula del Partido de los Trabajadores del Brasil y el peruano Alejandro Toledo con su esposa antropóloga belga, sabia quechua, quienes terminaron entregando los ideales colectivos por las mieles del poder y los dólares. Del panameño Martinelli y su par de hijos corruptos, no podía esperarse nada distinto.

Pepe Mujica es un ejemplo de coherencia. Lo que más admiro en las personas y en los gobernantes. Coherencia entre el pensamiento, las convicciones y la vida; en su caso, un verdadero luchador contra la injusticia. Salió de la presidencia como entró: con humildad y sencillez; austero y sobrio, con 76 años y ligero de equipaje. Salió eso sí, más sabio y más asqueado del poder y de la opulencia. Convencido de que su tarea ahora es la de dar ejemplo. Sembrar con actitud. Y allí va, envejeciendo en paz en su chacra con su viejo Volkswagen, lejos del bullicio y las mentiras.

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