Palabras que cuestan

Palabras que cuestan

Octubre 01, 2010 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Las reacción de Sigifredo López frente a la drástica sanción disciplinaria que recibió Piedad Córdoba, dio la clave. El único sobreviviente del grupo de diputados del Valle asesinados cruelmente en estado de indefensión en cautiverio, tiene la autoridad moral para decirlo: “Sólo hablando con los bandidos se puede avanzar”. Se refería a la liberación de secuestrados y al logro eventual, algún día, de la paz. Íngrid Betancourt a su vez, en una de sus muchas entrevistas en el extranjero, reconoció, en medio de su vanidad irredenta, que a los esfuerzos de Hugo Chávez y Piedad Córdoba les debía el haber logrado destrabar las liberaciones, gracias a lo cual ella estaba libre. Lo decían con las razones que dan siete años de secuestro con la muerte rondando cada día. Está claro: sin hablar con el enemigo, con quien está del otro lado, es imposible llegar a acuerdos. Y siempre se justifica cuando de por medio están vidas humanas, no importa qué tan demenciales sean los interlocutores. Y a Piedad Córdoba, el Procurador le está cobrando su arrojo y convicción de que el diálogo es una condición para avanzar.La memoria corta y selectiva se impone en la lógica reflexiva colombiana. Se olvidan los 5, 7, 10 años o más que llevaban los secuestrados en la selva sin esperanzas de liberación, hasta cuando apareció en el escenario la tenacidad de la entonces senadora liberal Piedad Córdoba. Empezó a actuar como facilitadora para el Acuerdo Humanitario con autorización del presidente Uribe, como resultado de su reunión con Hugo Chávez en Hato Grande en agosto del 2007. Hasta entonces el único gesto de las Farc había sido la entrega de los cadáveres de los diputados del Valle a la Cruz Roja Internacional, en un país insensible que de repente se despertó. En cuatro meses Piedad Córdoba logró lo que nadie había podido en años. Y contó con un arma: la palabra. Hablar. Y hablar muchas veces. Y escribir correos electrónicos. Con los terroristas, como los más malos de los malos, si se quiere, como interlocutores. Y fueron innumerables los viajes a lo profundo de la selva y las difíciles gestiones para persuadir, para lograr confianza y por último convencer a una cúpula guerrillera terca y empecinada, cruel, decidida a no dar el brazo a torcer, incluso con la derrota de la guerra encima. Y lo consiguió. El Procurador le está cobrando el delito de haber hablado para persuadir. Para interceder. Ni siquiera por negociar porque Piedad Córdoba no tenía poder frente a las Farc, distinto al poder de su palabra. El dossier en su contra son las interpretaciones subjetivas de conversaciones grabadas en la lógica siniestra de las chuzadas del DAS, o palabras escritas en correos electrónicos, rastros de comunicación que nada tienen que ver con el cúmulo de pruebas fácticas y testimoniales que han llevado a la Justicia a actuar contra otros dirigentes políticos. Ordóñez, con su fanatismo e intolerancia conocidos, quiere condenarla al ostracismo político por 15 años y cercenarle su representatividad pública. Tal vez lo logre con su poder absoluto, pero no conseguirá acallar su voz ni arrebatarle el derecho a seguir pensando, opinando y actuando. Y muy pronto la veremos, seguro, jugándosela en otros escenarios.

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