Padura y la pelota de béisbol

Padura y la pelota de béisbol

Octubre 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

“Aquí estoy, y vengo de Cuba. Aunque, más que de Cuba, debo precisar que vengo de un barrio de la periferia habanera llamado Mantilla. Allí vivo y escribo, en la misma casa donde nací. En ese barrio plebeyo y bullicioso que brotó a la vera del Camino Real, también nacieron mi padre, mi abuelo, quizás incluso hasta mi tatarabuelo Padura (…)”, y así se presentó con un discurso breve y conciso, como son todos los textos de Leonardo Padura, a recibir el Premio Princesa de Asturias de manos del rey de España. Llegado desde una pequeña isla perdida en el Caribe, vestido de blanco, con una pelota de béisbol en la mano. (…) “Si, digo todo esto es para fijar la profundidad de una pertenencia y para establecer, también genealógicamente, una evidencia: soy cubano por mis 64 costados”.“Con Cuba y con mi lengua, el español, a cuestas he recorrido un camino que se va haciendo largo y que me ha traído hasta este momento de epifanía, hasta este asombro y satisfacción superlativos que no me abandonan porque estoy donde nunca soñé estar, aunque sé por qué estoy: sencillamente porque soy un empecinado.Pero, con empecinamiento incluido, llegar hasta aquí no ha sido fácil. En realidad, ser escritor, nunca ha sido fácil y, para mí, ha sido más esforzado de lo que tal vez podría parecer. Muchas, muchas horas he dedicado a mi oficio, en una lucha terrible por vencer miedos e incertidumbres que lo abarcan todo: desde la elección de lo que quiero contar hasta el encuentro de la palabra más adecuada para conseguir expresar del mejor y más bello modo posible esa realidad reflejada”. A Padura se le premia la potencia de su escritura, sumada a la independencia y a un comportamiento ético frente a las diferencias de fondo con el régimen en el que ha padecido pero que afronta sin amargura. Se le premia su capacidad para combinar lo culto con lo popular y su interés permanente como dice el jurado por escuchar las historias perdidas de los otros. Desde la ficción Padura construye relatos imaginativos y coherentes. Con la precisión del lenguaje periodístico, preciso y fáctico irrumpe como con una guillotina en los recovecos de la vida cotidiana de esa Cuba de la que sabíamos tan poco por las absurdas barreras impuestas para defender un modelo de gobierno que se resquebrajó y que Padura aborda sin rescoldos y como los escritores serios enfrenta los límites de la verdad y la libertad asumiendo todos riesgos.Y pienso en Padura porque muestra un camino que los colombianos aún no hemos recorrido en nuestro ejercicio literario y periodístico inundado aún de eufemismos y retórica; atestado de categorías, clichés y simplismos que alejan la posibilidad de narrar con buena puntería. Son los relatos certeros los únicos que permitirán reencontrarnos francamente con nosotros mismos y con nuestro hermoso y terrible país, como lo hizo también la recién premiada con el Nobel de literatura, la rusa Svetlana Alexievich, con sus crónicas demoledoras sobe el drama humano escondido en el derrumbe de la Unión Soviética. El llamado suyo y el de Padura son a abordar lo real maravilloso con las armas de la literatura. A no desatender la reflexión sobre la condición humana en tiempos de afugia pero desde la realidad misma como quiso simbolizar Padura con algo tan concreto y cierto como una pelota de béisbol.

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