Memorias de una vida inesperada

Noviembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

En medio de la desesperanza y la sin salida del conflicto árabe-israelí, de la locura demencial de la propuesta del Estado Islámico que conquista fanáticos alrededor del mundo y con una fuerza demoniaca absorbe almas confundidas dispuestas a hacerse matar y a asesinar, a degollar frente a cámaras de televisión a inocentes, cae bien la lectura de Las memorias de la reina Noor de Jordania. Fue publicado hace un par de años pero es uno de esos libros que perdurará por su universalidad, su lucidez y su equilibrio. Por su humanidad. Una mujer que trascendió su belleza y fue capaz, sin apartarse de su impronta occidental neoyorkina, sumergirse en el mundo árabe al que llegó primero por la arquitectura y luego a través del matrimonio con su esposo el rey Hussein, cuando apenas tenía 26 años. Lisa Halaby pasó de ser una arquitecta graduada en Princeton en pleno hervor de los años 60 a convertirse en el soporte emocional del rey Hussein en su doble rol de líder espiritual de los musulmanes y gobernante de Jordania. Un rey comprometido por lograr la paz en la convulsionada región, un propósito en el que la Reina Noor, y que a pesar de haberse asomado a la posibilidad real, murió derrotado por el cáncer a los 64 años, sin haberla logrado. Sus Memorias de una vida inesperada son el testimonio de una mujer que logró, sin renunciar a sus raíces, mirar con complejidad la visión de los dos mundos, a través de una estructura narrativa envolvente conservando de principio a fin el difícil equilibrio entre lo personal, lo oficial y lo político. Y es esto lo que convierte el libro además en un documento histórico valioso. La reina, observadora y confidente, confirma la búsqueda, casi desesperada de Hussein, por alcanzar con audacia y diplomacia de alto vuelo, salidas a su afligida región, por el camino del medio y no el de la polarización radical como es que tiene atrapada hoy al medio oriente. Se trata de una mujer compleja que enfrenta el mundo sin las fantasías palaciegas con esa óptica realista femenina de los sentimientos y emociones que acompañan la adversidad, o los logros marcados por aquella cotidianidad lenta y morosa de la que nadie escapa. Y logra abrirse espacio comprometiéndose con causas humanitarias, construyendo puentes culturales. Con su libro consigue dar claves para entender el ambivalente mundo del poder y de las grandes decisiones con la fragilidad de la condición humana presente, por más descendiente de Mahoma que se sea, como lo fue su marido, el rey Hussein de Jordania. Desde la privacidad del Palacio real en Amán, la reina narra momentos de perplejidad y desconcierto como la declaratoria de George Bush padre de la llamada Guerra del Golfo Pérsico o las traiciones del dictador egipcio Hosni Mubarak, así como esperanzadores momentos como la firma de los Acuerdos de Oslo que sellaron Arafat e Isaac Rabin en la Casa Blanca en 1993, aquella efímera paz que terminó con el asesinato del Primer Ministro israelí menos de dos años después. Son las memorias de una gran frustración política, de un esfuerzo fallido por alcanzar una paz esquiva, que no deja de alertarnos sobre la dificultad del camino que estamos empezando a recorrer en Colombia. Frente al cual más vale no desesperarse.

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