Médico y paciente

Agosto 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

No es la primera vez que hablo de la dictadura de las batas blancas. De esa angustiosa experiencia en que se ha convertido la necesidad de acudir a citas médicas donde especialistas para resolver problemas de salud. La Ley 100, con todo y sus defectos, logró una verdadera revolución en cuanto la posibilidad de que millones de colombianos de todos los estratos pudieran acceder, con pleno derecho, a los servicios médicos calificados.Las EPS han hecho de este hecho la disculpa para presionar a los médicos en el número de citas que deben atender por hora. La relación médico paciente se ha deteriorado significativamente. Esta es la historia de Jorge Vallejo –economista y autor de varios libros- y el sentido de la carta que le envió al Tribunal de Ética Médica del Valle, en la que se queja por la manera como ha sido atendido en el Centro Médico Imbanaco. La desesperación fue tal, que canceló el tratamiento a sabiendas del riesgo que corre. ¡Cómo sería la situación!Esto dice Jorge: “Cuando un enfermo acude al médico, al hospital o a la clínica, se sitúa en condición de inferioridad en la medida en que es él, el enfermo, quien necesita al otro, quien le va a aportar el diagnóstico y el tratamiento para curar su enfermedad. El tiempo del paciente es visto como algo supeditable, reiteradamente menospreciado. El galeno suele reaccionar con la consabida sentencia de los vanidosos: si no le gusta así, busque otro médico. El paciente tiene entonces la posibilidad de someterse sin chistar a cualquier condición, habida cuenta de su necesidad, o protestar porque siente que su tiempo, así esté en situación de inferioridad, también debe ser respetado”. Esa fue la posición que asumió Jorge Vallejo. “A lo largo de año y medio he sido paciente de Hemato oncólogos de Imbanaco, donde he sido tratado con quimioterapia. En los primeros meses fui atendido por el médico Álvaro Jaime Guerrero Villota y en todas las consultas debí esperar por encima de una hora, aturdido por el televisor y las conversaciones de morbosa escatología de los pacientes. Protesté por el atropello con mi tiempo. El doctor Guerrero me indicó que la ética médica le indicaba que en ocasiones debía dedicar más tiempo de lo convenido a otros pacientes y que por ello no podía cumplir con los horarios. Su comportamiento era tan reiterativo que no demostraba celo en la atención sino desorden. De manera poco atenta, por decir lo menos, me dijo que buscara ser atendido por otro médico. Me dieron las nuevas citas con el doctor Juan Manuel Herrera. Nada cambió. Y, ante mi reclamo, la respuesta fue la misma: si no le sirve así, búsquese a otro. Decidí cancelar el tratamiento en el centro de Hemato oncólogos de Imbanaco y sentí un agradable alivio. Prefiero lidiar por mi cuenta y a mi riesgo con este pugilato interior entre células buenas y células malas antes que sentir el humillante poder totalitario de los que se creen los únicos manejadores del misterioso telón que separa la vida de la muerte, la sala llena de espectadores y el proscenio, la cara oculta del espectáculo”.Jorge Vallejo espera, con paciencia, la respuesta del Comité de Ética del Valle. Ojalá el tiempo está vez corra a su favor.

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