Los nuevos monstruos sociales

Los nuevos monstruos sociales

Agosto 17, 2017 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

El expresidente Barack Obama reaccionó al brote racista de violencia en Charlotesville y a la indolente y errática reacción del presidente Donald Trump, quien finalmente nunca condenó los hechos, con un trino que tocó fibras profundas. Citando una frase de Nelson Mandela, escribió en su cuenta de Twitter: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión” y lo acompañó con una foto multirracial donde él mira a cuatro niños -negro, mestizo, asiático y blanco- en una ventana. El trino se convirtió en el más popular en la historia de esta red social hasta ahora con 4.3 millones de ‘Me gusta’ y fue compartido por 1.6 millones de usuarios. Conclusión del mensaje: las personas nacen buenas y la educación familiar o escolar, la sociedad las malean, las dañan, las confunden.

Exactamente, lo mismo podría decirse, con la corrupción que está ahogando al país y que ha tocado el estamento que en el pasado, era la instancia más respetable para ejercer justicia, la Corte Suprema de Justicia. Nadie nace corrupto ni inmoral ni “torcido”.

Se ha logrado finalmente documentar una práctica que era secreto a voces: las millonarias sumas de dinero que se mueven en los fallos judiciales. Por esta razón el exmagistrado y expresidente de la Corte Constitucional, Jorge Pretelt, debió dejar el cargo y afrontar un juicio en la Comisión de Acusaciones de la Cámara, bajo la sospecha de haber recibido dinero para escoger una tutela y direccionar un fallo en favor del cliente.

Igualmente, empieza a ver la luz la misma práctica extorsiva en la Fiscalía: se engavetan los procesos, o incluso se desaparecen entre las rumas de expedientes, o se decide en favor del cliente en función de la suma de dinero que se pague por delante, utilizando abogados escogidos para tramitar el pago, como hacía el detenido exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno.

Los rumores en la Procuraduría también han sido pan de cada día. Allí además del cash a través del direccionamiento de abogados defensores que actúan en complicidad con los funcionarios del ente acusador, pesan las influencias políticas que logran mover catedrales. Allí está en juego es la carrera política de los funcionarios y el riesgo de inhabilidades o muertes políticas hasta por 15 o más años. Los procesos pueden, por vía de la engavetada, dormirse por vencimiento de términos y con ello se libera el investigado. El Procurador tiene el poder omnímodo de ser actuar como última instancia, con incluso un recurso discresional, es decir arbitrario, que es el derecho de súplica, con el que se han visto cometer horrores.

Algo parecido pareciera también ocurrir con la Contraloría y muy especialmente en las departamentales y municipales, cuyo origen es totalmente político. Elegidos por asambleas y concejos, personajes de pésima calaña, tienen el poder de abrir juicios fiscales, embargar cuentas y bloquear a los investigados; un poder de hacer daño tan grande que termina induciéndolos a traficar con dinero o con nombramientos.

Nada más terrible para una democracia que constatar que la corrupción camina rampante, creciente y arrolladora entre quienes están llamados a ejercer justicia, como está ocurriendo en Colombia. Los corruptos que no nacen corruptos; su existencia advierte una enfermedad grave en la sociedad que se ha convertido en una peligrosa máquina productora de monstruos sociales.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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