Los niños suicidas de Barcelona

Los niños suicidas de Barcelona

Agosto 31, 2017 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Esta vez escogieron para sembrar el terror uno de los lugares más alegres, libres y divertidos, sorprendentes, plurales, escenario de la diversidad de razas, nacionalidades, culturas: Las Ramblas de Barcelona.

Un paseo tan antiguo como la ciudad donde deambular desprevenido es un hábito infaltable para quien visita este puerto sobre el Mediterráneo, donde llegó Cristóbal Colón a entregarle, en la sublime Plaza del Rey, los tesoros de América a la Reina Isabel. Las Ramblas guardan los secretos de infinitas conversaciones y encuentros y tal como las describió García Lorca: “La calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre”.

Y fue ese precisamente el lugar escogido como el teatro de amenazas para sembrar el miedo.

Impresionan además los protagonistas que sacrificaron sus vidas por sembrar el pavor matando inocentes, atrapados por el fanatismo religioso. Jóvenes de escasos 17 años; educados y aparentemente integrados a una rutinaria cotidianidad en la pequeña población de Ripoll, en el centro de Cataluña.

Como bien lo plantea un educador catalán en su angustiada nota en un intento por entender cómo estos ‘chavales’ terminaron en esta locura suicida: “Ser un joven adolescente no es fácil, no lo fue nunca, a las espinillas y la conmoción sexual, se unen, en aquellos más despiertos y más inquietos, tal vez los mejores, las eternas preguntas: ¿Quien soy, a dónde voy, qué futuro me espera?

Este es un fértil campo para sembrar falsas certezas: jóvenes, inseguros, inquietos, con una identidad confusa, viviendo en una pequeña ciudad donde no es fácil mimetizarse y pasar desapercibido, puesto que son musulmanes, o negros, o rumanos. Un terreno fértil para que llegue un Imán (líder espiritual musulmán) y les proporcione certezas, seguridad, explicaciones, identidad, objetivos y los convenza de que serán los vengadores de sus hermanos masacrados en Palestina, en Afganistán, en Yemen, en Libia, en Siria, en el mar Mediterráneo o en las fronteras de Europa. Dispuestos a matar y morir, porque no hay nadie tan generoso como los jóvenes y porque nada proporciona más certeza y más seguridad que la violencia. La violencia es concreta, tangible, afirma tus pies sobre la tierra”.

Jóvenes también los que en Colombia buscan una nueva vida después de años de haber empuñado las armas; también de 17 o 20 años, por una causa, una ideología, un líder arrollador con la palabra, con aventuras por delante. Pienso en ellos, en tantos que emprendieron el camino de la fallida lucha armada guerrillera y terminaron con sus vidas cuando éstas apenas empezaban.

Y en los neonazis desfilando con estandartes y brazaletes, aturdidos de consignas, o atrapados en rituales racistas de Ku Klux Klan, de supremacía blanca después de más de medio siglo de conquistas de derechos y libertades. No escatiman en ofensas y vociferan sin controles ni pudor ni vergüenza, respirando solamente violencia y odio.

Estamos rodeados de una intolerancia hirsuta, de una irracionalidad y un fanatismo que empiezan a tomar forma en una radicalización polarizante que nos aleja cada vez más de poder tener una sociedad civilizada y humana.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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