Los 60 años de Andrés Caicedo

Los 60 años de Andrés Caicedo

Septiembre 23, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El próximo jueves 29 de septiembre Andrés Caicedo estaría cumpliendo 60 años. Mejor no imaginarlo con los asomos de las inevitables huellas de la vejez, que no perdonan. Andrés es un ícono y los íconos son intemporales. En este caso, el del eterno adolescente que logró con su incansable pluma reflejar un estado del alma que han conocido todos los seres humanos. Andrés sólo es posible con su melena larga y sus enormes anteojos enmarcando los ojos tristes de los miopes.Hace cuatro años Editorial Norma, con la capacidad de apuesta que entonces tenía, accedió a darle vida a una serie de textos inéditos que habían permanecido en los anaqueles cuidados celosamente por su familia. Reapareció entonces Andrés con todo el vigor de unos escritos autobiográficos que conforman uno de sus más bellos libros: ‘El cuento de mi vida’. Borbotones de vida salpicados de humor y rabia y rebeldía y entusiasmo y decepción y pesimismo y entusiasmo, reconectaron la sensibilidad de este muchacho tímido y tartamudo que lo que vivió y sintió en la Cali de los años 60 y 70, lo dejó traducido en palabras escritas. Visto en perspectiva su entrada al teatro de la vida, poco dista de la que expresan los jóvenes de hoy. Por eso su trascendencia. El mundo del que habla Andrés estaba construido sobre la decepción, pero era una desesperanza con sueños. La angustia individual tenía escapatorias colectivas, que apenas ahora empiezan a balbucear entre los indignados o a tomar forma de un vocerío incontenible que ha derrocado dictadores en el mundo árabe.Andrés fue un atormentado que trasegando por un mundo que aunque no lo comprendía tampoco le era tan hostil. Los afectos entonces eran menos esquivos, y los objetos materiales y el consumo tampoco avasallaban tanto. “Nosotros somos la generación que ya lo tenía todo inventado y vivido antes de nacer”, dicen los muchachos ahora, quienes resuelven las dudas en Wikipedia o Google, con los que se ha perdido el placer de bucear entre los libros. Los de ahora son muchachos temerarios que no evitan la muerte, “no nacimos para semilla”. “Somos la generación que vio el asesinato de Pablo Escobar y luego cambió el canal a los Muppets. Que mira los años 60 con respeto y sorna. Somos la generación que nunca se quiso ir al monte, pero que usaría una camiseta del Ché y una mochila arhuaca sin problema. Somos la generación que vive en el pasado. Con ídolos muertos, historias pasadas y mitos urbanos. Somos la generación que repetía las palabras de Andrés Caicedo, por lo bajo en los pasillos del colegio: ‘Después de los 25 años no vale la pena vivir’”. La generación que como yo, más lejos de ellos y más cerca de Andrés, no nos lo queremos imaginar canoso, arrugado, con asomo de barriga y cansado.Sus pocos buenos amigos, como él los llamaba, celebrarán su cumpleaños imaginario frente a una pantalla de cine, que tanto le gustaba, disfrutando de documentales que han surgido alrededor de su vida y de su obra, como ‘Angelita y Miguel Ángel’, ‘Calicalabozo’, ‘Angelitos empantanados’ y la entrevista que le hizo Juan Gustavo Cobo en la víspera de su muerte, en el auditorio de Comfamiliar Andi, en un ciclo que comienza el 29 de septiembre. Ese mismo día, el brindis por su existencia será a las 8 de la noche en Lugar a dudas, en el tradicional barrio Granada.

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