Locos lúcidos:¡qué miedo!

Diciembre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El horror impensable que seguimos perplejos del abuso sexual y asesinato de Rafael Uribe Noguera a Yuliana, una niña de 7 años, trae a cuento el libro del psiquiatra Carlos Climent: La locura lúcida (Editorial Panamericana, 2014). El crimen sucedió el día en que se cumplían 30 años de otro macabro hecho: el asesinato de 19 personas, quienes tuvieron la mala fortuna de haber escogido el restaurante Pozetto de Bogotá para disfrutar de una comida italiana. Los disparos desquiciados de Campo Elías Delgado, quien dejó una estela de muertos en el camino, se llevaron a una persona excepcional frente a quien ahorro adjetivos, por afecto y admiración: Carlos Alfredo Cabal. Han pasado tres décadas y aún no logró asimilar su ausencia. Ambos pasaban como personas normales. Delgado profesor de inglés y Uribe Noguera un arquitecto económicamente exitoso a través de le empresa familiar Lascaux. En el tradicional colegio Gimnasio Moderno de Bogotá, donde estudio, recuerdan a ‘Rafico’ como un simpático tambor mayor de la banda de guerra -un honor entre los estudiantes-, aunque dejó huella por el bullying con el que le amargó los días a más de un compañerito. Sin embargo comportamientos como éstos que son la expresión temprana de una estructura mental enferma no son socialmente rechazados y los colegios suelen no castigarlos.Carlos Climent incluye este tipo de personajes dentro de la locura lúcida. Habla del avivato, el abusivo, el mal pagador, el vecino indolente, el ladrón de supermercado, el usurpador en las colas, el conductor borracho, el socio ventajista, el manipulador, el caballero de industria, el ejecutivo desbordado, el codicioso inmoral, el resentido envidioso, el mentira-fresca, el político timador, el corrupto, que son personas que conviven en la sociedad pero manejan comportamientos antisociales que les terminan aceptando e incluso logran escapar a las sanciones legales a punta de leguleyadas y trampas. Y hay quienes, sin infringir la ley, le vuelven la vida infeliz a quienes los rodean: los narcisistas (seres insoportables) y los borderlines (seres confundidores). Algunos más complejos terminan convertidos en líderes capaces de conducir al abismo por su poder sobre las multitudes. Se camuflan como normales, pero responden a conductas perturbadores que deberían ser identificadas y tratadas terapéuticamente por el bien de ellos y de todos.Climent le dedica un capítulo a los políticos, influyentes y poderosos. “Hay políticos extraordinarios, desgraciadamente la minoría. (…) La mayoría, depredadores metidos de ‘servidores’ públicos; son los privilegiados que por astucia, viveza, avaricia, ansia de poder, lagartería, influencias, promesas, suerte, herencia, inercia o cualquier otra razón terminan en posiciones de poder. Tienen el común denominador de mantener una actitud cínica, descarada, de desapego a la ley (…) Para ellos, la imagen es todo y cuidan mucho de maquillarla. Acomodan (manipulan) lo que sea con tal de lograr que los elijan. En el sentido estricto de la palabra, son unos antisociales”. Y ahí están.Vivimos entre psicópatas camuflados que confunden hasta terminar aplaudidos por sus éxitos a imitar, cuando no se trata más que de unos locos lúcidos a los que no queda más que temerles. Y evitarlos.

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