Liderazgo en reversa

Noviembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Me había propuesto no atender los improperios públicos del ex presidente Álvaro Uribe, ni ocuparme más de sus incontinencia verbal a través de su twitter personal. Pero su presencia tan errática y perturbadora del último mes hace imposible omitirla. Poco a poco, él mismo se ha encargado de destruir lo construido en sus ocho años de reinado. Es cierto, el poder fue bien utilizado para enfrentar y acorralar la guerrilla -agradecimiento eterno entre los colombianos-, pero también es cierto que abusaron. Y con ganas. Cada semana se destapan nuevos escándalos: de corrupción, nóminas paralelas, contrataciones sin sustento técnico, como los centenares de kilómetros de carreteras sin concluir por ausencia de diseños entregadas a cinco grandes constructores; dineros mal orientados en el sector rural con millonarias inversiones en costosísimos distritos de riego dirigidos a favorecer sólo unas pocas fincas, como ocurrió con los créditos subsidiados de Agro Ingreso Seguro; el favorecimiento permanente de amigos, clientelas políticas y socios electorales y el apoyo a acciones ilegales para amedrantar las voces disidentes que llamaban al debate, la crítica y la vigilancia pública. Esta lista de hechos en ocho años de gobierno enloda unos logros que no transcienden de los avances en la seguridad. Sembrar el miedo y la zozobra sirvió para distraer el fluir libre de las aguas espesas de negocios y contratos. La fachada de austeridad personal y sombrero ‘vueltiao’, de patrioterismo con mano en el corazón, era la de un ícono querido, pero que resultó con pies de barro. Las cifras de favoritismo que acompañaron los ocho años del gobierno de Uribe fueron producto de la mano dura a la subversión, pero también de la manipulación calculada y el aprovechamiento del poder del Estado con dádivas a los sectores populares, del corte de los subsidios de Familias en Acción o Familias Guardabosques o la ampliación irresponsable de la cobertura del Sisbén (a la par que se dilapidaban grandes capitales en generosos préstamos, pasivos vueltos pérdida en el Banco Agrario), que aseguraron un agradecimiento limosnero y una incondicionalidad que se tradujo en votos y en opinión favorable en las encuestas. Los excesos de Uribe, como la utilización de su poder para facilitarle el asilo a sus funcionarios enredados en procesos judiciales, que invita a no darle la cara a la justicia y despotricar de ésta, columna vertebral de la democracia, para proteger a su círculo inmediato de amigos sino a sí mismo, está borrando cualquier brizna de encantamiento. Esta claro que los testimonios de personajes como la ex directora del DAS y demás funcionarios son los que pueden complicarle la vida a Álvaro Uribe. El exilio se llama silencio, como ocurrió con la extradición de los paramilitares, quienes terminaron en las cárceles norteamericanas, atarugados con unas verdades definitivas para identificar el engranaje de la perversa alianza político-paramilitar. El mal ejemplo del ‘todo vale’, aplicado además para salvarse a sí mismo, es inaceptable en un líder como el ex presidente Uribe, al que le apostó masivamente la gente.

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