Lecciones de Blue Jasmin

Noviembre 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Cercano a los 80 años y con 60 años de cine acuestas, Woody Allen sorprendió con su última película, Blue Jasmin. Una alegoría no solo de lo que ha vivido Estados Unidos con el cimbronazo de Wall Street y la puesta en evidencia de los despropósitos millonarios en pago de bonos, indemnizaciones desproporcionadas para proteger los riesgos irresponsables de los ejecutivos, el ya conocido enroque de privilegios y la feria de las prebendas de un sector financiero que en su desmadre arrasó con los ahorros de miles de ciudadanos. Allí aparecen los excesos de los Madoff y Cía., pero también de los banqueros criollos, los orondos y abusivos Rodrigo y Tomas Jaramillo, los Juan Carlos Ortiz y Maldonado, todos cortados por la misma tijera. Estafadores de cuello blanco a quienes la sociedad ni la Justicia colombiana ha castigado de la manera como se lo merecen, razón por la cual se repite cíclicamente, década tras década, la misma historia.Porque en realidad, la única diferencia de los personajes de la película, inspirados más en la cultura norteamericana, es que los colombianos no están en la cárcel y siguen tan campantes disfrutando de sus mal habidos privilegios. Con una trama que atrae la atención todo el tiempo, Blue Jasmin muestra ese mundo, el de los recién enriquecidos con especulaciones financieras, el mundo de los farsantes e impostores, llenos de labia, quienes a punta de engaños embaucaron a ciudadanos comunes y corrientes que depositaron en ellos su confianza y perdieron sus ahorros en un abrir y cerrar de ojos. Se acostaron con una plata y amanecieron con otra: esfumada.Blue Jasmin relata la codicia, la arrogancia, la pretensión y la falsedad de muchos de quienes consiguen el poder y la fortuna por actos de audacia y no de trabajo. Desnuda la superficialidad en la que viven y la arrogancia con la que tratan a los demás, con ínfulas y suficiencia, apegados a los símbolos de consumo y de status. Son todos igualitos, atrapados por el lujo, los restaurantes y las joyas; los yates y los viajes; un mundo de irrealidad que los vuelve incapaces a la hora de enfrentar los temas cotidianos de la vida y que Woody Allen con su fineza conocida logra captar con gracia e ironía. Los retrata de una manera burlesca colocándolos del tamaño que adquieren cuando se despojan de oropeles y se les derrite la fachada.Porque ese odioso comportamiento arribista que pulula cada vez más con más fuerza y a todos los niveles de la sociedad, ocupa un espacio especial en la película de Allen. Los personifica y caracteriza con precisión en su elementalidad, Kate Blanchet. Representa a los personajes que aparecen arropados de nuevos dineros y nuevos poderes, inauténticos y torpes, incapaces de actuar con sencillez porque no saben otra cosa que imitar comportamientos y actitudes en una carrera aspiracional que al final los deja sumidos en la ansiedad y en la frustración. Como bien lo muestra la Blanchet el arribismo es la falsa piel de muchos que ven en el ascenso social el único camino, el que buscan con desespero sin escrúpulos ni vergüenza, retratado magistralmente por el gran Woody Allen en Blue Jasmin.

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